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miércoles, 12 de agosto de 2026

Padres y maestros están a tiempo de prevenir altos índices de reprobación

 La Columna

Por Fanny Yépez

Con el teléfono celular en clase, aprenden menos y bajan calificaciones

Necesario evitar las malas compañías en la edad adolescente

  

Estamos a 19 días del inicio del ciclo lectivo escolar 2026/2027 es el tiempo adecuado para prevenir altos índices de reprobación y bajo aprovechamiento en los niveles de primaria, secundaria y preparatoria.

 Las materias con mayores índices de reprobación escolar a nivel general son matemáticas y español, seguidas por ciencias exactas como física y química. Estas asignaturas representan el mayor reto para los alumnos desde la educación básica hasta el nivel superior.

 Los estudiantes reprueban principalmente debido a una combinación de factores socioeconómicos, problemas familiares, falta de hábitos de estudio y vacíos de aprendizaje acumulados. Las causas específicas varían profundamente según el nivel de madurez y el contexto institucional de cada etapa educativa.

 Poco apoyo en casa, los factores principales son; que los padres trabajan mucho o no saben cómo ayudar a sus hijos con las tareas. Problemas familiares, discusiones en casa, divorcios o falta de convivencia sanas todo esto afectan las emociones del alumno

 En secundaria y prepa, los amigos a veces jalan a los jóvenes a faltar a clases o los inducen a ciertos vicios. También influye la falta de hábitos y nivel escolar bajo, no repasan los temas, no hacen tareas o estudian solo un día antes del examen.

 Bases de conocimiento débiles, ingresan a secundaria o prepa sin saber bien matemáticas o lectura básica. Es frecuente la falta de interés de los educandos, las clases les parecen aburridas o no le ven sentido a lo que enseñan.

 Los estudiantes de primaria secundaria y preparatoria reprueban principalmente debido a una combinación de factores socioeconómicos, problemas familiares, falta de hábitos de estudio y vacíos de aprendizaje acumulados.

 Las causas específicas varían profundamente según el nivel de madurez y el contexto institucional de cada etapa educativa.

 Primaria (6 a 12 años), en esta etapa básica, el rendimiento depende casi por completo del entorno familiar y del desarrollo psicomotriz. Ausencia de bases de lectoescritura: Dificultad para comprender instrucciones escritas básicas. Falta de apoyo parental: Padres que no supervisan tareas ni asisten a las reuniones escolares.

 Aunque también influyen los problemas de salud o nutrición, el cansancio y la mala alimentación afectan directamente la concentración, la inasistencia constante es otro factor. Faltar a clases de forma recurrente impide seguir el hilo de los programas educativos.

 Secundaria (12 a 15 años) la transición a la adolescencia introduce fuertes distractores emocionales y sociales, sumado a una mayor carga académica. Crisis de identidad y rebeldía: Conflictos emocionales propios de la edad que desvían el interés del estudio. Presión social y malas influencias: Preferencia por encajar en grupos de amigos antes que cumplir con deberes escolares.

 En esta etapa se registra una desorganización del tiempo, mala gestión de horarios provocada por el uso excesivo de redes sociales y videojuegos. Cambio de sistema pedagógico: Pasar de un solo maestro a tener múltiples profesores con diferentes criterios de evaluación.

 Preparatoria / Bachillerato (15 a 18 años) en este nivel medio superior se registran las tasas más altas de reprobación y deserción, vinculadas a la independencia y la economía.

 Necesidad económica, los estudiantes que deben trabajar para aportar ingresos a su hogar o pagar sus estudios. Vacíos académicos previos, las deficiencias graves en matemáticas y comprensión lectora arrastradas desde la secundaria.

 Deserción vocacional, la falta de interés real en las materias o desconocimiento de sus metas de vida futuras. Consumo de sustancias: Inicio o exposición al alcohol, tabaco u otras drogas dentro del entorno escolar o social. Embarazos tempranos: Paternidades o maternidades prematuras que obligan a priorizar el cuidado familiar o el trabajo.

 En vísperas del inicio a clases sigue el debate sobre si o no se debe prohibir o restringir el uso de teléfonos celulares en las escuelas porque generan fuertes distracciones que reducen el rendimiento académico, afectan la salud mental y limitan la convivencia directa entre los alumnos, según indican organismos internacionales como la UNESCO.

 Los motivos principales para restringir los celulares, pérdida de atención, las notificaciones y el acceso a redes sociales desvían la mente de las explicaciones del maestro.

 Está comprobado que los estudiantes que usan el teléfono celular en clase aprenden menos y sacan peores calificaciones.

 Otro de los temas que sigue afectado es el acoso escolar, los dispositivos facilitan el ciberacoso y la grabación de actos de hostigamiento entre compañeros. Falta de socialización: Disminuye el juego limpio, el diálogo cara a cara y la convivencia durante los recesos.

 Por todo ello y más es absolutamente necesario que los padres de familia se involucren más en las actividades académicas de sus hijos, que acudan a las juntas y que tengan más acercamiento con sus pequeños.