Por Miguel Ángel Cristiani G
Hay municipios que se describen con postal y otros
que se gobiernan con carácter. Puente Nacional, ese territorio que muchos
cruzan sin mirar cuando van de Veracruz a Xalapa, pertenece —por ahora— a la
primera categoría en buena parte del discurso público. Abundan las palabras
bonitas, los datos pintorescos, las referencias históricas y hasta los
colibríes endémicos. Lo que escasea es el análisis serio sobre el poder local y
sus responsabilidades.
No está mal recordar que Puente Nacional tiene 25
mil habitantes, un puente histórico y un observatorio de aves admirado en el
extranjero. Tampoco sobra subrayar la nobleza de su gente ni la riqueza de su
geografía. El problema surge cuando el relato se queda ahí, como si gobernar
fuera un acto poético y no una tarea áspera, cotidiana y muchas veces ingrata.
Desde hace apenas dos semanas gobierna el municipio
Bibiana Sánchez Báez, “Bibi Báez”, mujer de origen humilde, con historia
personal respetable y un sueño de infancia cumplido. Todo eso merece
reconocimiento. Lo que no merece es indulgencia automática. En democracia, los
sueños no gobiernan: gobiernan las decisiones, los presupuestos y los
resultados.
Pero el periodismo no está para certificar
simpatías, sino para verificar capacidades.
Puente Nacional no es un municipio virgen que
inicia de cero. Arrastra rezagos históricos: recolección de basura deficiente,
parque vehicular inservible, analfabetismo persistente, crisis de agua,
policías sin certificar, campesinos olvidados. Ese catálogo no es novedad; es
herencia de administraciones fallidas y de un sistema municipal crónicamente
débil en Veracruz. Decir que ahora “se proponen soluciones maduras y viables”
sin explicar cuáles, cómo se financiarán y en qué plazos, es dejar al lector a
medias.
El rigor obliga a preguntar: ¿con qué presupuesto
real cuenta la alcaldesa?, ¿qué compromisos financieros heredó?, ¿qué margen
tiene frente a las reglas estatales y federales de gasto?, ¿qué prioridades
fijará cuando el dinero no alcance para todo? Esas no son preguntas incómodas;
son preguntas necesarias.
Nadie sensato espera milagros en dos semanas. Pero
sí se espera un diagnóstico público, metas medibles y una narrativa de gobierno
que vaya más allá del entusiasmo personal. Gobernar no es “exprimir las horas
del día”; es tomar decisiones que suelen incomodar y rendir cuentas sin
maquillaje.
Bibiana Sánchez Báez representa, sin duda, a una
nueva generación de mujeres en la política municipal. Eso es relevante. Pero la
representación simbólica no sustituye la eficacia administrativa. La igualdad
se consolida con resultados, no con aplausos tempranos.
Puente Nacional necesita menos lirismo y más
política pública. Menos descripción y más evaluación. Menos colibríes en el
discurso y más agua potable en las llaves. El periodismo, si quiere servir al
interés público, debe acompañar sin adular y criticar sin linchar. Ese es el
equilibrio ético.
Al final, la historia juzga con severidad a quienes
confundieron buena voluntad con buen gobierno. Ojalá no sea el caso. Pero para
que no lo sea, hace falta algo más que entusiasmo: hace falta vigilancia
ciudadana y periodismo con carácter. De ese que no se deslumbra con el paisaje
y no pierde de vista la realidad.
