DE PRIMERA MANO
*Es más grande mi
amor por México
*Son capaces de todo,
pero es momento de
envolverse en la bandera si es necesario
*Juicio político a
Guadalupe Taddei
*Llama a un gran
frente nacional opositor en 2027
*Deja fuera a MC de
los partidos de oposición
Por Omar Zúñiga
Rosario Robles es una personalidad
controversial por sí misma, que ha sido de todo, desde diputada, hasta
presidenta nacional de un partido político y secretaria de Estado, que tuvo que
pasar varios días, muchos, en la cárcel, en el temido penal de Santa Martha
Acatitla de la Ciudad de México, por una venganza política ejecutada en su
contra; lo dice la sentencia absolutoria.
Estuvo en Xalapa y no vino a hacer
campaña de sí misma, sino a proponer una alianza y a nombrar, sin rodeos, lo
que buena parte de la oposición mexicana ha evitado decir con todas sus letras:
que el Instituto Nacional Electoral, el árbitro que costó "batallas
campales" construir como órgano autónomo e imparcial, hoy opera capturado
por el partido en el poder.
La propuesta central que la exsecretaria
de Desarrollo Social se lleva de Veracruz es concreta: un juicio político
contra Guadalupe Taddei, consejera presidenta del INE.
No es un exabrupto retórico. Robles lo
enmarcó en un diagnóstico más amplio —el desmantelamiento del servicio
profesional electoral, la sustitución de personal de carrera por cuadros afines
a Morena— y en una crítica que, viniendo de ella, pesa distinto: la de una
mujer que ha luchado toda su vida por que otras mujeres ocupen espacios de
poder, señalando que ese espacio, hoy, está ocupado por alguien subordinada a
los intereses de quien gobierna.
"No mujeres que se subordinan a los
intereses del partido en el poder", dijo, y ahí está la línea que traza entre
la representación y la sumisión.
A esa denuncia institucional, Robles
suma dos iniciativas de raíz ciudadana que ya germinan en el territorio: una
red nacional de "Comadritas" —estructura de mujeres vigilando en
colonias, secciones y calles, con el argumento de que no hay mejor inteligencia
que la de las mujeres en el territorio— y la campaña de las "bardas
blancas", una respuesta social directa al fenómeno de las campañas
anticipadas ya con nombre y apellido que el árbitro electoral no ha estado dispuesto
a frenar. Si el INE no actúa, dice Robles, actuará la ciudadanía.
*****
Cuando Robles habla de miedo y de poder,
no habla desde la teoría. Habla desde la celda de Santa Martha Acatitla, donde
pasó más de dos años recluida entre 2019 y 2021 por el caso conocido como la
Estafa Maestra, un proceso que desde el primer día fue leído por buena parte
del espectro político —y por ella misma— no como un ejercicio de justicia, sino
como una venganza política del entonces presidente Andrés Manuel López Obrador
contra una funcionaria del gobierno de Enrique Peña Nieto al que él mismo se propuso
enterrar simbólicamente con su narrativa de la "Cuarta
Transformación".
El contraste es incómodo y por eso mismo
revelador: mientras Robles enfrentaba prisión por presunto desvío de recursos,
operadores y aliados cercanos al propio movimiento de AMLO acumulaban
señalamientos de corrupción sin pisar una celda.
Esa asimetría —castigo ejemplar para
unos, impunidad de facto para otros— es precisamente lo que Robles ha
convertido en argumento político: "aprendí en la cárcel que se puede hacer
política estando ahí adentro", y no es una frase decorativa.
Es la síntesis de una experiencia que,
lejos de silenciarla, parece haberle dado la legitimidad moral —y el capital
político— para hablar hoy de miedo sin que suene a cálculo, y de amor por el
país sin que suene a consigna vacía.
Esa biografía es, también, la clave para
entender una frase demoledora sobre el poder y la banda presidencial:
"puedes no tener puesta la banda presidencial y ser muy poderoso o
poderosa, y puedes tener puesta la banda presidencial y ser muy débil",
uuuuffff.
Lo dice alguien que probó ambos extremos
—el poder desde el gabinete y la indefensión absoluta frente al aparato de
justicia del Estado— y que hoy reclama, desde ese lugar, no un cargo, sino una
causa.
*****
Robles fue igual de clara sobre la
aritmética que viene. Su propuesta —que llevará tanto al dirigente nacional del
PRI como a los demás partidos opositores, excluyendo abiertamente a Movimiento
Ciudadano, pues dijo, no lo ve como oposición— es la construcción de una
alianza, una coalición opositora rumbo a 2027, como condición para derrotar a
Morena.
El objetivo no es simbólico, es quitarle
al oficialismo la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, la que se
renueva el próximo año, y disputar gubernaturas. Sin esa mayoría calificada,
argumenta, se frena "toda esta destrucción"; con ella, Morena sigue
teniendo la llave para reformar la Constitución a modo.
*****
A pregunta directa sobre si buscará una
curul, Robles fue deliberadamente ambigua sin dejar de ser contundente: no es
su objetivo en este momento, dijo, pero "donde sea necesaria mi voz y mi
participación, ahí estaré".
Lo que pide para el Congreso no son
operadores, sino "causas": voceros de madres buscadoras,
agricultores, pequeños comerciantes extorsionados, representantes de millones
de mexicanos que hoy son víctimas de la ineficacia gubernamental.
*****
Pero la frase que probablemente más va a
resonar de esta visita no es la del juicio político ni la de la coalición.
Es la que Robles soltó sin ambages sobre
sí misma: "Claro que tengo miedo, como tenemos miedo yo creo que la
inmensa mayoría de los mexicanos. Pero más miedo me da que estos sigan
gobernando y destruyendo este país y es más grande mi amor por México".
Es una declaración que vale por lo que
reconoce y por lo que rechaza reconocer como límite. Robles no niega el riesgo
—"son capaces de todo y lo sabemos", dijo sobre el poder que
enfrenta, con la autoridad de quien ya lo padeció en carne propia— pero lo
subordina a un cálculo distinto: el de que este es "momento de dar todo
por el país", incluso, dijo, "envolverse en la bandera si es
necesario".
El mensaje de fondo, más allá de Taddei,
más allá de la coalición, es una advertencia sobre el tipo de país que se está
construyendo: uno "en manos de quienes nos han entregado al crimen
organizado".
Si esa frase resulta profética,
exagerada o simplemente parte del ruido de la precampaña, lo dirán las urnas de
2027.
Lo que ya quedó dicho, con nombre propio
y desde Xalapa, es hacia dónde apunta la oposición que ella representa: contra
el árbitro, contra la dispersión opositora, y a favor de una alianza que,
admite, no tiene garantizado el triunfo, pero sin la cual —insiste— ni siquiera
hay partido que jugar.
¡Qué barbaridad!
deprimera.mano2020@gmail.com
