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domingo, 25 de enero de 2026

Xalapa, ciudad arbolada y solidaria

 


Ruan Angel Badillo Lagos

¡Hermosa la pluma del mensajero que trae buenas nuevas!

Hoy se propone mirar más allá de las calles recorridas cada día y escuchar el murmullo de un lugar abrazado por sus raíces. Se trata de Xalapa, ciudad arbolada y solidaria, viva, la cual late entre troncos y hojas, recordatorio de una vida prospera cuando se comparte con los demás.

Xalapa figura entre las ciudades más antiguas de Veracruz, su pasado revela una riqueza imposible de ignorar. En el siglo XIV confluyeron cuatro pueblos, cuatro voluntades unidas hasta dar origen a una sola ciudad. Xallapan, manantial de arena, agua en el arenal. Este nombre alude al brote de agua, a la vida abriéndose paso incluso en la pendiente. Ese origen sugiere una verdad esencial; lo profundo sostiene, aun cuando permanece oculto a simple vista.

Su historia enseña también la paciencia del lenguaje. De Xalapa a Xalapa de Enríquez, los nombres guardan memoria e invitan a contemplar el tiempo con respeto. Conviene, sin embargo, detenerse en el presente; una ciudad respirable cuidada en cada parque, en cada camellón, en cada cerro que vigila sin imponer sin imponerse. El verde no adorno; protege, acompaña y da sentido.

Xalapa trasciende el paisaje. Funciona como pulmón cotidiano. Los árboles filtran el aire, moderan el clima y sostienen aves e insectos que pueblan sus rincones. Comparten con la comunidad una tarea silenciosa, es decir, custodiar la vida. En el cerro Macuiltépetl, durante paseos nocturnos de observación, se confirma una certeza sencilla. Esta certeza expone a la naturaleza no rodeando a la ciudad, sino habitándola.

Toda historia honesta reconoce desafíos. El crecimiento urbano abre preguntas urgentes. ¿Cómo garantizar agua para todos?, ¿cómo proteger a los más necesitados? La respuesta exige corresponsabilidad. Implica repensar usos, cuidar la casa común, impedir invasiones que desvían recursos vitales, priorizar a quienes viven en mayor vulnerabilidad y colocar la caridad junto a la justicia social como ejes de la cotidianidad.

Resulta necesario agradecer a quienes sostienen esta armonía entre ciudad, naturaleza y solidaridad. Gracias a los biólogos, los pedagogos, los investigadores, los voluntarios que comparten bienes, conocimiento y tiempo con quienes más lo necesitan. Gracias a ese trabajo Xalapa conserva su vocación verde, viva y solidaria.

Existe una fortuna compartida. Pocos lugares pueden decirlo, crecer entre encinares y pinares, con un paisaje urbano propicio para la caminata, al recreo y la contemplación. ¡Primero es Dios, seguido de la ciudad de Xalapa y sus habitantes! Basta una avenida arbolada para despertar esperanza; basta el canto de un pájaro al atardecer para recordar la vida, serena e insistente, con un café en la mesa.

Queda un pensamiento. Cuidar a Xalapa como de cuida a la familia, fundamento de toda comunidad. Cada árbol plantado y cada gesto solidario representan un abrazo al futuro. La construcción de una ciudad hermosa en su forma y justa en su funcionamiento exige comprenderla como ecosistema vivo de oportunidades compartidas.

¡Xalapa es hermosa! Más hermoso todavía resulta saber que puede crecer con raíces firmes y ramas abiertas hacia todos.