La designación de quien encabezará la Comisión Estatal de Derechos Humanos de Veracruz no puede tomarse como un trámite legislativo más. Se trata, quizá, de una de las decisiones más sensibles del Congreso local, pues de ella depende la credibilidad, el rumbo y la fortaleza de un organismo que debe actuar como contrapeso real frente al poder.
La terna enviada al Pleno refleja trayectorias distintas, visiones diferentes y, sobre todo, modelos contrastantes de lo que debe ser la defensa de los derechos humanos en la entidad. En ese escenario, el perfil que mejor responde al momento que vive Veracruz es el de David Quitano Díaz.
El estado enfrenta una crisis estructural en materia de derechos humanos: rezago institucional, desconfianza ciudadana, expedientes sin resolver y una percepción generalizada de lejanía entre la Comisión y la gente. No basta con conocer la norma o dominar el litigio; hoy se requiere capacidad de conducción, visión estratégica y formación en políticas públicas.
Y ahí es donde Quitano marca la diferencia.
Su doble formación en Derecho y Economía, sumada a una maestría en Políticas Públicas y un doctorado en Gobierno y Administración Pública, le otorgan una mirada integral que resulta indispensable para transformar una institución que, durante años, ha operado más como oficina burocrática que como verdadero órgano defensor.
A diferencia de otros perfiles centrados únicamente en el ámbito jurisdiccional o administrativo interno, David Quitano entiende el funcionamiento del Estado desde dentro: ha sido servidor público, directivo, asesor y académico. Conoce cómo se toman las decisiones, cómo se diseñan las políticas y, sobre todo, cómo se corrigen las fallas estructurales que terminan vulnerando derechos.
Su paso por el Sistema Estatal Anticorrupción no es menor. En un contexto donde la defensa de los derechos humanos exige transparencia, rendición de cuentas y autonomía real, esa experiencia representa un valor estratégico. La CEDH no solo debe emitir recomendaciones; debe hacerlo con sustento técnico, fuerza institucional y autoridad moral.
Además, su labor como docente e investigador en El Colegio de Veracruz aporta un elemento clave: la formación y profesionalización del propio organismo. Una Comisión fuerte no depende únicamente de su presidencia, sino del fortalecimiento interno de su personal, de la actualización constante y del análisis serio de la realidad social.
Veracruz no necesita una CEDH de escritorio ni una presidencia simbólica. Necesita liderazgo, dirección y capacidad para dialogar con los distintos poderes sin subordinación, pero también sin confrontaciones estériles.
David Quitano Díaz representa esa posibilidad: la de una Comisión moderna, técnica, con visión de Estado y con la capacidad de recuperar la confianza ciudadana.
Hoy, más que nunca, los derechos humanos requieren algo más que buena voluntad: requieren gobierno, conocimiento y responsabilidad pública. Y en esa ecuación, su perfil no solo encaja: destaca.
Porque la defensa de los derechos humanos no se improvisa. Se construye. Y Veracruz ya no puede seguir esperando.
