IMPRONTA
Carlos Miguel Acosta Bravo*
La iniciativa de reforma electoral que Morena y el Gobierno federal afinan —y que, entre otros puntos, plantea disminuir el financiamiento público a los partidos y suprimir o reducir a las y los legisladores plurinominales— ha encendido alertas en los partidos de oposición, que perfilan una respuesta de rechazo y condicionamiento: sí a discutir austeridad, pero no a costa de la representación de minorías ni de la autonomía de las autoridades electorales.
De acuerdo con reportes periodísticos, la propuesta se encuentra en etapa de cierre técnico y político, con reuniones recientes en Palacio Nacional y un paquete que incluye recortes a prerrogativas y ajustes al modelo de representación legislativa.
En Acción Nacional, Manifestaron su “no” frontal a la narrativa de riesgo democrático la reacción pública se ha concentrado en dos ejes: advertir que la eliminación de plurinominales reduciría contrapesos en el Congreso y cuestionar que el recorte al financiamiento público termine beneficiando a quien ya tiene mayor capacidad territorial y gubernamental.
En ese tono, figuras panistas han calificado la propuesta como una “Ley Maduro”, acusando que busca concentrar el control del sistema electoral y acotar la competencia.
Además, el PAN ha colocado como prioridad un reclamo recurrente en el debate: la sobrerrepresentación legislativa. En síntesis de prensa y notas de seguimiento se menciona que legisladores del PAN han insistido en que antes de tocar plurinominales debe corregirse la forma en que se traduce el porcentaje de votos en curules.
El PRI ha delineado una postura similar: apertura a debatir ajustes presupuestales, pero con “líneas rojas” en autonomía electoral, reglas de representación, defensa de minorías en el Congreso y riesgos de recortes que puedan debilitar el sistema de partidos.
En particular, priistas han advertido que desaparecer a los plurinominales podría “borrar” a las minorías del Congreso y reducir la pluralidad, además de dejar intactos problemas como la sobrerrepresentación.
Movimiento Ciudadano, foco en sobrerrepresentación y exigencia de debate abierto se ha alineado en la crítica a la sobrerrepresentación y ha planteado que cualquier reforma debe construirse con discusión pública y sin cambios que reduzcan la pluralidad en el Legislativo. En reportes de síntesis se cita a legisladoras y legisladores de MC señalando el “desbalance” entre votos y curules como un punto a corregir antes de redefinir la representación proporcional.
Aunque algunos posicionamientos recientes han sido difundidos principalmente por notas locales o columnas, la línea general de MC mantiene consistencia con posturas previas: una reforma electoral debe ser producto de acuerdos amplios y no diseñada para favorecer a la mayoría gobernante.
El terreno común opositor: “austeridad sí, pero con garantías” en el discurso opositor, hay un punto de coincidencia: admitir que la discusión sobre costos electorales y financiamiento público puede abrirse, pero sólo si viene acompañada de salvaguardas claras.
La propia presidenta Claudia Sheinbaum ha sostenido que su reforma mantendría la autonomía del INE y la representación de minorías, en respuesta a críticas que ya circulan desde la oposición. Sin embargo, la oposición se prepara para exigir que ese compromiso quede plasmado en el texto constitucional y en reglas secundarias, y no se limite a una declaración política.
Lo que viene con la iniciativa todavía en ruta de presentación formal, el primer pulso se anticipa en dos frentes: (1) si Morena mantiene la eliminación o reducción drástica de plurinominales, y (2) si el recorte al financiamiento se aplica de forma general o con excepciones y mecanismos que eviten asimetrías entre partidos.
En paralelo, el debate no sólo divide a la oposición: reportes recientes señalan que PT y PVEM —socios del oficialismo— también han mostrado reservas, precisamente porque su fuerza legislativa ha dependido históricamente de la representación proporcional.
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*Maestro en comunicación por la Universidad Iberoamericana, de la cual formó parte del cuerpo académico de la Licenciatura en comunicación, así como de la Universidad Anáhuac, campús norte de CDMX.
