Dr. Rafael Vela Martínez
El próximo 30 de abril no es una
fecha administrativa más. Es, en sentido estricto, un punto de inflexión para
el futuro de Veracruz. Ese día vence el plazo legal para que los 212
Ayuntamientos del estado entreguen sus Planes Municipales de Desarrollo
2026–2029, documentos que, en teoría, deben orientar el crecimiento económico,
la generación de empleo, la reducción de la pobreza y el bienestar de millones
de veracruzanos; sin embargo, lo que debería ser un ejercicio técnico,
responsable y con sustento científico, corre el riesgo de convertirse en una
simulación más. El mecanismo es conocido: favores de campaña que hoy se cobran
como cuotas de poder.
El Congreso del Estado dio un
paso importante al emitir una guía metodológica para la elaboración de estos
planes. Paralelamente, un grupo de académicos que tengo el honor de coordinar,
desarrollamos una investigación profunda que derivó en la obra “Planeación
para el Desarrollo Municipal en Veracruz: Manual 2026–2029”, cuyo propósito
central es histórico: construir, por primera vez, una gran base de datos
municipal sustentada en evidencia científica, que permita diagnósticos reales y
no ocurrencias políticas.
Esta base de conocimiento no es
un lujo académico; es una necesidad estratégica. A partir de ella, el Gobierno
del Estado puede diseñar políticas públicas sectoriales más eficaces, orientar
la inversión, detonar el crecimiento económico y generar empleos. En otras palabras:
pasar de la improvisación a la planeación para resultados.
Pero este esfuerzo enfrenta hoy
un obstáculo grave y profundamente preocupante. Diversos actores vinculados a
grupos de poder partidista —algunos incluso con presencia en el propio
Congreso— han comenzado a ejercer presiones indebidas, chantajes y prácticas de
extorsión hacia presidentes municipales, con el objetivo de imponer despachos o
personas sin perfil técnico, sin formación académica en planeación y, en muchos
casos, sin el mínimo conocimiento del desarrollo territorial.
Esto no es un asunto menor. Es,
en esencia, un intento de capturar la planeación municipal para fines de lucro
político: cuando la planeación se convierte en moneda de cambio político, los
planes dejan de ser instrumentos de transformación y se reducen a documentos de
trámite. Se diluyen los diagnósticos, se inventan indicadores, se simulan
estrategias y, al final, lo que queda es un papel sin capacidad de incidir en
la realidad. El costo lo pagan los ciudadanos: más pobreza, menos inversión,
menos empleo.
Por eso es indispensable decirlo
con claridad: lo que está en curso es un intento de captura política de la
planeación municipal en Veracruz. Y frente a ello, el silencio institucional no
es opción, pues cuando un Plan Municipal de Desarrollo se elabora sin rigor
técnico, lo que se produce no es un instrumento de gobierno, sino un documento
decorativo que termina archivado, sin impacto real. Y las consecuencias son
directas: recursos mal utilizados, proyectos inviables, oportunidades perdidas
y, sobre todo, la perpetuación de la pobreza.
Pero hay un elemento aún más
profundo —y estratégicamente decisivo— que hoy está siendo subestimado: la
ausencia de una visión de mediano y largo plazo en la planeación municipal. Hoy
más que nunca, los Planes Municipales no pueden limitarse a un horizonte de
tres o cuatro años. Ese enfoque es, por definición, insuficiente y miope. Los
problemas estructurales del desarrollo —pobreza, rezago productivo, desigualdad
territorial— no se resuelven en un periodo administrativo.
Por ello, es indispensable que
cada plan incorpore un Proyecto de Gran Visión al 2040, no como un anexo
discursivo, sino como el eje rector que dé coherencia a todas las decisiones de
política pública. Sin esa visión, los planes se fragmentan.
Con esa visión, los planes trascienden. Un municipio que no sabe hacia dónde
quiere llegar en 15 o 20 años, está condenado a administrar inercias, no a
transformar realidades. Pero la Gran Visión, por sí sola, tampoco es suficiente
si no se entiende un principio fundamental del desarrollo contemporáneo: ningún
municipio se desarrolla en aislamiento.
Por ello, la planeación debe
construirse obligadamente con perspectiva regional. Pensar que un municipio con
altos niveles de marginación podrá superar su condición sin articularse con su
entorno es, simplemente, un error técnico. El desarrollo no ocurre en
compartimentos herméticos. Se construye en red, integrando mercados,
infraestructura, cadenas productivas y flujos de inversión. Aquí es donde
Veracruz tiene una ventaja estratégica que pocos estados poseen: siete Zonas
Metropolitanas, un área conurbada en Acayucan y un nodo con características
metropolitanas en Tuxpan.
Estos espacios no son sólo
concentraciones urbanas. Son plataformas naturales de crecimiento económico,
donde se generan economías de escala, se concentra la demanda, se articulan
cadenas productivas y se detona la inversión. Ignorar esta estructura
territorial es planear a ciegas. Aprovecharla, en cambio, permite construir una
estrategia inteligente: consolidar el crecimiento en las Zonas Metropolitanas
y, a partir de ellas, irradiar desarrollo hacia las regiones.
Ese es el verdadero sentido de la
planeación regional. No es un concepto teórico.
Es la única vía posible para romper los círculos de pobreza territorial. Por
ello, un Plan Municipal sin visión 2040 y sin enfoque regional no sólo está
incompleto:
está condenado a fracasar.
Esto no es difícil de lograr.
Pero sí exige algo fundamental: profesionalización en la planeación. Solo
especialistas con formación técnica y metodológica pueden construir este tipo
de instrumentos. El riesgo, en cambio, es evidente: que la planeación se
convierta en un botín más.
Porque seamos claros: detrás de
muchas de estas presiones no hay vocación de servicio público, sino el interés
de algunos actores que, habiendo participado en campañas políticas, buscan
ahora recuperar su “inversión”, para vivir de manera ostentosa, del presupuesto
municipal, durante cuatro años. Ese
modelo —depredador, corto de miras y profundamente dañino— es incompatible con
el desarrollo de Veracruz.
Frente a ello, también es
importante reconocer que existen alcaldes y equipos comprometidos que están
haciendo las cosas bien. A ellos, les reitero mi disposición absoluta para
apoyarles. Como parte de ese compromiso, he puesto a disposición pública, de
manera gratuita, una parte sustantiva de nuestras investigaciones sobre el
estado de Veracruz y sus municipios, en la plataforma:
www.enfoqueveracruz.org
Porque el conocimiento no debe
estar al servicio de intereses particulares, sino del desarrollo colectivo. El
conocimiento debe ser una herramienta de transformación, no un privilegio. Hoy
Veracruz tiene una oportunidad real de sentar las bases de un desarrollo
ordenado, sostenible y con visión de futuro. Pero esa oportunidad puede
perderse si se permite que la planeación siga siendo capturada por intereses
ajenos al bienestar colectivo. El 30 de abril no es una fecha límite: es una
prueba. Una prueba de si Veracruz está dispuesto a cambiar… o a seguir
administrando su propio rezago. La responsabilidad institucional es ineludible.
Comentarios al siguiente correo:
rvelam_1@hotmail.com
