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martes, 10 de marzo de 2026

Movimiento Ciudadano con las puertas abiertas

Por “Miguel Ángel Cristiani G”

 En política, cuando un dirigente dice que “las puertas están abiertas”, conviene preguntarse: ¿abiertas para quién y para qué?

 La frase del dirigente estatal de Movimiento Ciudadano en Veracruz, “Luis Carbonell de la Hoz”, no pasó desapercibida en la plática con integrantes de la ACOVER Asociación de Comunicadores Veracruzanos. Ante la pregunta directa sobre la posibilidad de que el priista “José Francisco “Pepe” Yunes Zorrilla” pudiera convertirse en candidato a la gubernatura por ese partido, su respuesta fue tan sencilla como reveladora: “Las puertas están abiertas, para Pepe, igual que para todos aquellos que quieran y puedan ser un buen candidato”.

 La declaración, aparentemente diplomática, en realidad abre un debate político de fondo. Porque en Veracruz —estado de memoria larga y cicatrices políticas profundas— las candidaturas no son simples invitaciones a la mesa: representan proyectos, trayectorias y credibilidad ante una ciudadanía cada vez más desconfiada.

 Movimiento Ciudadano vive un momento peculiar. Después de las elecciones recientes, el partido naranja presume haber alcanzado “41 alcaldías”, una cifra que lo coloca en una posición política relevante dentro del tablero veracruzano.

Carbonell sostiene que incluso pudieron haber sido más, si no se hubieran presentado —según su versión— irregularidades en municipios como ejemplos “Papantla” y “Poza Rica”, donde afirman que les fue arrebatado el triunfo. 

Con esos resultados, hoy MC se asume como “segunda fuerza política en el estado”, una narrativa que busca consolidar su crecimiento frente al desgaste de los partidos tradicionales.

 Movimiento Ciudadano ha construido parte de su discurso político sobre la idea de ser una alternativa distinta a la vieja política. Su narrativa nacional insiste en diferenciarse del PRI, del PAN y del propio Morena, apelando a una nueva generación política que —según dicen— pretende cambiar la forma de hacer gobierno.

 Pepe Yunes no es un improvisado. Al contrario. Su trayectoria política es extensa y conocida. Ha sido diputado local, diputado federal, senador de la República y candidato a la gubernatura de Veracruz. Durante años ha sido considerado uno de los cuadros más sólidos del PRI veracruzano, con una reputación que incluso sus adversarios reconocen por su preparación técnica y su capacidad legislativa.

 Pero también representa —para muchos ciudadanos— una parte del sistema político que el propio Movimiento Ciudadano ha criticado durante años. 

Ahí radica el dilema.

 Si MC busca convertirse en una alternativa real de poder en Veracruz, su crecimiento deberá sostenerse no sólo en números electorales, sino en coherencia política. La ciudadanía no sólo vota por candidatos; vota por proyectos y por credibilidad.

 La estrategia de abrir las puertas a figuras externas puede interpretarse de dos maneras.

 La primera: como una señal de madurez política, donde los partidos entienden que la pluralidad y la suma de perfiles fortalecen la democracia.

 La segunda: como una señal de oportunismo electoral, donde las ideologías se diluyen frente al objetivo simple de ganar elecciones.

 Luis Carbonell afirma que no buscan “el poder por el poder”, sino que a los veracruzanos inconformes con el gobierno actual les vaya mejor. La frase suena correcta en el discurso. Nadie podría oponerse a esa intención.

 Si Movimiento Ciudadano pretende consolidarse como una nueva fuerza política en Veracruz, deberá demostrar que su proyecto no se limita a reclutar candidatos competitivos, sino que responde a una visión clara de gobierno, con propuestas, rumbo y responsabilidad pública. 

Porque la inconformidad ciudadana —real y creciente— no es un cheque en blanco para cualquier alianza o candidatura. Los veracruzanos han visto demasiadas veces cómo los partidos cambian de discurso según la coyuntura electoral.

 El electorado ya no es el mismo de hace veinte años.

 Hoy las redes sociales, la información digital y el escrutinio público obligan a los partidos a justificar cada decisión con mayor transparencia. Las candidaturas ya no se negocian en silencio como antes. 

Se discuten, se cuestionan y se exhiben.

 En ese contexto, la declaración de Carbonell tiene un valor político mayor al que parece. No sólo abre una posibilidad electoral; también pone sobre la mesa el verdadero modelo de partido que Movimiento Ciudadano quiere construir en Veracruz. 

¿Un proyecto ciudadano distinto o un nuevo vehículo para los nuevos actores políticos?

 La respuesta no se resolverá en una entrevista ni en una frase políticamente correcta.

 Se resolverá en las decisiones que tomen cuando llegue el momento de elegir candidato.

 Porque si algo ha aprendido la sociedad veracruzana después de décadas de desencanto político, es que las puertas abiertas no siempre conducen al cambio.

 A veces sólo llevan de regreso al mismo lugar.

 “Porque en la política veracruzana, las puertas abiertas suelen terminar siendo la antesala del reciclaje político.”