
Por “Miguel Ángel
Cristiani G”
En
política, cuando un dirigente dice que “las puertas están abiertas”, conviene
preguntarse: ¿abiertas para quién y para qué?
La
frase del dirigente estatal de Movimiento Ciudadano en Veracruz, “Luis
Carbonell de la Hoz”, no pasó desapercibida en la plática con integrantes de la
ACOVER Asociación de Comunicadores Veracruzanos. Ante la pregunta directa sobre
la posibilidad de que el priista “José Francisco “Pepe” Yunes Zorrilla” pudiera
convertirse en candidato a la gubernatura por ese partido, su respuesta fue tan
sencilla como reveladora: “Las puertas están abiertas, para Pepe, igual que
para todos aquellos que quieran y puedan ser un buen candidato”.
La
declaración, aparentemente diplomática, en realidad abre un debate político de
fondo. Porque en Veracruz —estado de memoria larga y cicatrices políticas
profundas— las candidaturas no son simples invitaciones a la mesa: representan
proyectos, trayectorias y credibilidad ante una ciudadanía cada vez más
desconfiada.
Movimiento
Ciudadano vive un momento peculiar. Después de las elecciones recientes, el
partido naranja presume haber alcanzado “41 alcaldías”, una cifra que lo coloca
en una posición política relevante dentro del tablero veracruzano.
Carbonell
sostiene que incluso pudieron haber sido más, si no se hubieran presentado
—según su versión— irregularidades en municipios como ejemplos “Papantla” y
“Poza Rica”, donde afirman que les fue arrebatado el triunfo.
Con
esos resultados, hoy MC se asume como “segunda fuerza política en el estado”,
una narrativa que busca consolidar su crecimiento frente al desgaste de los
partidos tradicionales.
Movimiento
Ciudadano ha construido parte de su discurso político sobre la idea de ser una
alternativa distinta a la vieja política. Su narrativa nacional insiste en
diferenciarse del PRI, del PAN y del propio Morena, apelando a una nueva
generación política que —según dicen— pretende cambiar la forma de hacer
gobierno.
Pepe
Yunes no es un improvisado. Al contrario. Su trayectoria política es extensa y
conocida. Ha sido diputado local, diputado federal, senador de la República y
candidato a la gubernatura de Veracruz. Durante años ha sido considerado uno de
los cuadros más sólidos del PRI veracruzano, con una reputación que incluso sus
adversarios reconocen por su preparación técnica y su capacidad legislativa.
Pero
también representa —para muchos ciudadanos— una parte del sistema político que
el propio Movimiento Ciudadano ha criticado durante años.
Ahí
radica el dilema.
Si
MC busca convertirse en una alternativa real de poder en Veracruz, su
crecimiento deberá sostenerse no sólo en números electorales, sino en
coherencia política. La ciudadanía no sólo vota por candidatos; vota por
proyectos y por credibilidad.
La
estrategia de abrir las puertas a figuras externas puede interpretarse de dos
maneras.
La
primera: como una señal de madurez política, donde los partidos entienden que
la pluralidad y la suma de perfiles fortalecen la democracia.
La
segunda: como una señal de oportunismo electoral, donde las ideologías se
diluyen frente al objetivo simple de ganar elecciones.
Luis
Carbonell afirma que no buscan “el poder por el poder”, sino que a los
veracruzanos inconformes con el gobierno actual les vaya mejor. La frase suena
correcta en el discurso. Nadie podría oponerse a esa intención.
Si
Movimiento Ciudadano pretende consolidarse como una nueva fuerza política en
Veracruz, deberá demostrar que su proyecto no se limita a reclutar candidatos
competitivos, sino que responde a una visión clara de gobierno, con propuestas,
rumbo y responsabilidad pública.
Porque
la inconformidad ciudadana —real y creciente— no es un cheque en blanco para
cualquier alianza o candidatura. Los veracruzanos han visto demasiadas veces
cómo los partidos cambian de discurso según la coyuntura electoral.
El
electorado ya no es el mismo de hace veinte años.
Hoy
las redes sociales, la información digital y el escrutinio público obligan a
los partidos a justificar cada decisión con mayor transparencia. Las
candidaturas ya no se negocian en silencio como antes.
Se
discuten, se cuestionan y se exhiben.
En
ese contexto, la declaración de Carbonell tiene un valor político mayor al que
parece. No sólo abre una posibilidad electoral; también pone sobre la mesa el
verdadero modelo de partido que Movimiento Ciudadano quiere construir en
Veracruz.
¿Un
proyecto ciudadano distinto o un nuevo vehículo para los nuevos actores
políticos?
La
respuesta no se resolverá en una entrevista ni en una frase políticamente
correcta.
Se
resolverá en las decisiones que tomen cuando llegue el momento de elegir
candidato.
Porque
si algo ha aprendido la sociedad veracruzana después de décadas de desencanto
político, es que las puertas abiertas no siempre conducen al cambio.
A
veces sólo llevan de regreso al mismo lugar.
“Porque
en la política veracruzana, las puertas abiertas suelen terminar siendo la
antesala del reciclaje político.”