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martes, 21 de abril de 2026

LAS PRÓXIMAS GENERACIONES DE POLÍTICOS TENDRÁN QUE SER MEJORES

 


Más claro…

Por Felipe Mendiola Parra

Las generaciones cambian sus comportamientos, sus actitudes y sus conocimientos de acuerdo a los avances tecnológicos que se experimentan en el mundo.


Cuando somos mayorcitos admiramos las habilidades de los niños y jóvenes que tienen un desenvolvimiento muy distinto al que nosotros tuvimos, pero insisto, es generacional, porque en nuestra juventud tuvimos otras actitudes que los adultos de nuestra época desconocían.


Como se ven y se viven las actividades de quienes gobiernan hoy por hoy, tal vez no sean las que, los de más edad esperábamos, y eso sucede porque tuvimos la oportunidad de conocer verdaderos estadistas en México y el mundo.


Hemos leído algunas biografías que son impresionantes y la toma de decisiones que en sus respectivos momentos, fueron muy acertadas, lo que permitió el avance que hoy tenemos.


Conservando sus honrosas excepciones, hemos visto que esas pléyades de políticos de las últimas décadas, no ha cumplido las expectativas de las grandes mayorías, porque han abaratado su comportamiento y sobre todo han bajado el nivel de discusión.


Rompieron moldes y reglas no escritas que fueron, en muchos de los casos, la norma para que las sociedades vivieran mejor, pero parece que las olvidaron o de plano las violaron sin ningún respeto.


El presidente del país más poderoso de América deja mucho que desear, su estilo se ha ido a los extremos, al grado que lo ha exhibido como una persona ajena a su investidura, afectando los intereses de muchos países por esa forma de conducirse.


En México estamos viendo muchos errores que no se pueden ocultar, Estados que se han mantenido estancados a pesar del interés de sus habitantes por ser mejores, actitudes prepotentes de algunos gobernantes, insensibles y alejados de la realidad que los rodea.


Líderes de partidos que se formaron creyéndose unos reyezuelos, abandonando su responsabilidad ante los militantes y simpatizantes de sus respectivos partidos.


Fueron perdiendo hasta la dignidad, porque hace algunos años la denuncia pública, el señalamiento de algunos periodistas o la comprobación de sus errores, los obligaba a corregir o componer lo que estuviera descompuesto. En muchos casos daban de baja o cesaban a un funcionario corrupto, pero ahora esos señalamientos los ignoran o se les resbalan como si se hubieran bañado con aceite.   


La arrogancia es su envoltura y desprecian a los que reclaman sus derechos, tal vez porque el cargo les cambió el carácter y hoy se sienten poderosos como ha sucedido en otras ocasiones, conscientes de que esa imagen no es la adecuada y que más temprano que tarde les va a resultar contraproducente.


Me comentaba un compañero que tal vez, y solo tal vez, tengamos que esperar que la siguiente generación de políticos vuelva al comportamiento que todos deseamos, llenos de amabilidad y con un alto sentido de servicio por su municipio, estado y país.


Más claro ni el agua.