IMPRONTA
Carlos Miguel Acosta Bravo
La guerra entre Estados
Unidos e Israel contra Irán, que escaló el 28 de febrero de 2026 con ataques
aéreos coordinados contra Teherán y otras ciudades (incluyendo la muerte
confirmada del ayatolá Jamenei), genera un shock de oferta en petróleo por
disrupciones en el Estrecho de Ormuz y exportaciones iraníes, elevando precios
globales del crudo de 8 a 13% iniciales y presionando la economía mexicana vía
importaciones de combustibles. Esto impacta el tipo de cambio (peso más débil),
inflación y crecimiento, en un reacomodo geopolítico que favorece a productores
como México a corto plazo pero eleva riesgos globales de recesión.
El impacto en petróleo y economía mexicana ha
significado hasta el momento shock en oferta petrolera, pues Irán que es el 4° productor OPEP con 3.2 millones de barriles diarios ya redujo exportaciones de un 20 a 30%. Además está vigente la amenaza de cierre del Estrecho de Ormuz por el cual circula el 20% del comercio
marítimo global de crudo, lo cual podría elevar precios desde 90 a 120 dólares por barril, con el petróleo Brent
saltando un 10% de manera inicial.
Los efectos directos para
México, sus ingresos positivos. Las exportaciones petroleras de 1.6 millones de barriles diarios generan un incremento adicional de 10 a 15 mil
millones de dólares extra si el crudo promedia 85 a 100 dólares, impulsando las
finanzas públicas que actualmente
representan el 35% de ingresos federales de hidrocarburos.
Los costos negativos podrían
traducirse con la consideración de que México importa hasta el 70% de gasolina
y diésel por hasta 500 mil barriles por día ; lo cua podría representar un alza
de 10 dólares por barril. En consecuencia podría sumarse una cifra acumulada de 5 a 8 mil millones anuales a subsidios , que
actualmente ascienden a 300 mil millones
de pesos, presionando de esta manera un déficit fiscal hasta por el 5.5% PIB.
En materia de crecimiento e
inflación, el PIB pierde 0.3 a 0.5
puntos por costos energéticos por transporte y manufactura: La inflación podría subir 0.5 hasta 1 punto (a
4.5–5%), forzando al Banco de México a
pausar recortes de tasas.
La incertidumbre geopolítica global está
propiciando un nuevo reacomodo mundial, la OPEP respondió
con el anunció de que Arabia Saudita y Rusia podrían elevar producción en
más de 2 millones de barriles diarios, lo cual podría moderar los precios, en consecuencia México
gana en cuota pero pierde en subsidios.
Existe también el riesgo de
una recesión, EE.UU. que es un aliado clave distrae recursos
militares y económicos. Las cadenas
globales con semiconductores y autos,
podrían sufrir si China entra indirectamente.
Se ha puesto al Nearshoring
en jaque, los inversionistas pausan
México por “riesgo energético” , hay que tener presente que Pemex exporta a EE.UU.,
con una inversión extranjera directa que de manera automática ha sido recortada
en 2026 de un 10 al 15%.
Las oportunidades para
México, la neutralidad diplomática que no
condena ataques y que actualmente con un crudo barato para refinerías, lo posicionan como proveedor estable, pero inflación y dólar fuerte erosionan la competitividad
exportadora.
En síntesis, la guerra para
México es negativa en el corto
plazo y podría representar una inflación de entre 3 a 5 puntos, podría
también representar que PIB disminuya -
0.5%, y que el peso se incremente hasta 21 pesos por USD, con ganancia fiscal
petrolera compensatoria pero insuficiente; reacomodo geopolítico favorece a
productores OPEP pero eleva riesgos globales, forzando a Banxico/SHCP a
intervenciones (swaps, subastas). La duración clave radica si es menor de 4
semanas por decisión del presidente estadounidense Donald Trump, significando
un impacto transitorio; y si es
prolongada podría acrecentarse la
recesión mexicana en 2026.
