Por Miguel Ángel Cristiani G
En política, los anuncios son promesas públicas que el tiempo se
encarga de juzgar. Y cuando se gobierna un estado tan complejo como Veracruz,
cada palabra dicha desde el poder adquiere peso específico. Por eso resulta
relevante la entrevista radiofónica que concedió la gobernadora Rocío Nahle
García, en la que abordó una serie de temas que, de concretarse, marcarían el
rumbo de su administración y, sobre todo, el ánimo de una sociedad que durante
años ha vivido entre la esperanza y el desencanto.
La gobernadora adelantó que presentará una iniciativa de ley para crear
el “Sistema de Órdenes de Protección Inmediata”, con el objetivo de fortalecer
la plataforma *Veracruzana Protegida*. El planteamiento, en esencia, busca
acelerar los mecanismos legales para salvaguardar a mujeres en situación de
riesgo. No es un asunto menor. Veracruz arrastra desde hace años una dolorosa
estadística de violencia de género que derivó incluso en declaratorias de
“Alerta de Violencia de Género” en diversas regiones del estado.
De acuerdo con los datos mencionados, en 2025 Veracruz habría
registrado el nivel más bajo de feminicidios de la última década. La cifra, si
se confirma con los registros oficiales del “Secretariado Ejecutivo del Sistema
Nacional de Seguridad Pública”, representaría un avance relevante. Pero
conviene decirlo sin rodeos: la reducción estadística no significa que el
problema esté resuelto. En materia de violencia contra las mujeres, cada caso
es una tragedia social y un recordatorio de que las instituciones deben
reaccionar con rapidez y eficacia.
Por ello, la propuesta del sistema de órdenes de protección inmediata
deberá evaluarse con lupa legislativa y con una implementación que no quede en
el papel. México ha demostrado muchas veces que las buenas leyes pueden
volverse letra muerta cuando no existen recursos, capacitación institucional ni
coordinación entre fiscalías, jueces y policías.
Otro de los temas abordados por la gobernadora fue su gestión en la
Ciudad de México para lograr la construcción de un nuevo “CRIT Teletón” en
Minatitlán, destinado a atender a niñas y niños con discapacidad en toda la
región del Istmo. La iniciativa, en principio, apunta hacia una necesidad real.
El sur de Veracruz ha sido históricamente una de las zonas con mayor rezago
social del estado, pese a ser una región petrolera estratégica.
Un centro de rehabilitación infantil no sólo representa infraestructura
médica, sino también un mensaje político: el reconocimiento de que el
desarrollo social no puede seguir concentrándose en las zonas urbanas más
visibles mientras el sur permanece esperando justicia territorial.
En materia de infraestructura, Nahle García también anunció proyectos que
buscan dinamizar distintas regiones del estado. Entre ellos destaca la
“ampliación del World Trade Center Veracruz”, un complejo que durante años ha
sido motor de congresos, exposiciones y turismo de negocios en la zona
conurbada Veracruz–Boca del Río.
Asimismo, se proyecta la construcción de un “C5 en Coatzacoalcos”, una
infraestructura tecnológica que, de concretarse, fortalecería las capacidades
de vigilancia, inteligencia y coordinación policial en el sur del estado. No
hay que olvidar que la seguridad pública sigue siendo una de las principales
preocupaciones de los veracruzanos y que los centros de comando, control y
comunicación son piezas clave en los sistemas modernos de seguridad.
Pero si hay un terreno donde la política se mezcla inevitablemente con
la emoción colectiva, ese es el deporte. La gobernadora anunció que esta misma
semana iniciará la rehabilitación del histórico “Estadio Xalapeño”, uno de los
recintos deportivos más emblemáticos del país, inaugurado en 1925 y considerado
patrimonio arquitectónico y deportivo de Veracruz.
A la par, se plantea la posibilidad de que la “Arena Macuiltépetl” se
convierta en una sede deportiva nacional o incluso en un Centro de Alto
Rendimiento. La propuesta abre una discusión interesante: si Veracruz quiere
apostar por el deporte como política pública, deberá hacerlo con visión
integral, fomentando desde el deporte comunitario hasta la formación de atletas
de alto nivel.
En ese mismo terreno simbólico aparece otro tema que siempre despierta
pasiones: el eventual regreso de los “Tiburones Rojos de Veracruz”. La
gobernadora expresó disposición para que el equipo vuelva al fútbol
profesional. Sin embargo, aquí conviene recordar que el club fue desafiliado en
2019 por decisiones de la “Federación Mexicana de Fútbol” derivadas de
incumplimientos financieros y administrativos.
Rescatar una franquicia deportiva no es un asunto romántico; implica
solvencia económica, transparencia administrativa y reglas claras dentro del
fútbol mexicano. De lo contrario, el entusiasmo puede convertirse otra vez en
frustración.
Finalmente, Nahle García reiteró su compromiso con el llamado “renacer
del sur de Veracruz”. La frase tiene resonancia política porque durante décadas
esa región ha sido utilizada como discurso de campaña sin que los beneficios
del desarrollo lleguen con la fuerza prometida.
El sur veracruzano concentra puertos estratégicos, industria
energética, potencial logístico y una población trabajadora que ha visto pasar
sexenio tras sexenio escuchando promesas de transformación.
Hoy el reto es distinto: convertir los anuncios en políticas públicas
medibles, verificables y sostenibles.
Porque en la política veracruzana el problema nunca ha sido la falta de
promesas, sino la escasez de resultados.
Y al final del día, la historia no recuerda discursos ni entrevistas
radiofónicas: “recuerda gobiernos que cumplieron… y gobiernos que sólo supieron
anunciar.”
