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lunes, 9 de marzo de 2026

El infarto de AMLO

 Sin tacto


 




 


Por Sergio González Levet


 


Quien dio la primicia fue un periodista de gran credibilidad y con fuentes muy cuidadas, sobre todo en el ámbito de las fuerzas armadas: Jorge Fernández Menéndez. Escueto, el mensaje en su cuenta de X era el de un reportero profesional:


    “El ex presidente López Obrador está internado en Hospital General Militar por una afección cardiaca”.


    Y ya.


    Pero la noticia resultó una bomba a lo Ortega y Gasset, porque era ella y su circunstancia. A partir de la revelación empezaron a bordar y a bordarse numerosas interpretaciones, innumerables seguimientos, infinitas derivaciones del hecho en sí.


    En las redes sobre todo, pero también en muchos medios más o menos sustentables, surgieron como por generación espontánea todas las deducciones que puede generar la imaginación febril y profunda de una prensa condenada a manejar noticias sin sustento: los voceros oficiales, contaminados por las mentiras convenencieras de un régimen que inventa lo que le conviene; los periodistas verdaderos - se pueden identificar fácilmente porque son llamados “carroñeros” por los funcionarios de la Cuatroté-, desesperados por la falta de información y orillados a la “inventiva honesta”.


    En el contexto de una declaración tronante de Donald Trump que tiene todas las características de amenaza inminente, el torrente de suposiciones sobre el estado de salud de Andrés Manuel López Obrador se vio como una tapadera para ocultar las consecuencias del terrible designio arrojado contra el Gobierno de la Transformación: “México es el epicentro de la violencia de los cárteles”.


     En lo inmediato, la fake surtió efecto. El Patriarca encuevado en su Chingada sacó un poco la cabeza y los medios picaron el anzuelo. Un infarto sobre el corazón afectado de Andrés Manuel es un bocado apetecible que no se puede dejar pasar, ni para los informadores ni para un público ciudadano y harto que espera un castigo ejemplar para el líder que mintió, que robó, que traicionó al pueblo.


     Los asesores de comunicación, los generadores de imagen de la Presidenta, los inventores de las falsedades permanentes del discurso oficial, los redactores del guion empecinado de las mañaneras echaron las campanas al vuelo: habían logrado domar mediáticamente al aviso de desalojo hecho por Trump contra el crimen organizado y contra los cómplices de éste en los más altos niveles del Gobierno de México.


     Pero esa victoria, con ser tan celebrada, tuvo solamente un efecto inmediato, como ya dije. Sirvió para desviar la momentáneamente atención de la opinión pública, pero no cambió nada el hecho en sí, la amenaza flamígera de Trump, apoyada por los países del continente americano reunidos en Miami para darle cuerpo al Escudo de las Américas, que viene con todo en contra de los cárteles del narco y sus socios, sus cómplices.


     Una vez que empiece la ofensiva trumpista en México, ahora sí que le va a dar un infarto verdadero a López Obrador.


 


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