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jueves, 5 de marzo de 2026

Chapopote e impunidad en playas de Veracruz

 Focus Group 

Por Jorge Ramón Rizzo*

Lo que debería ser la postal de un inicio de temporada turística envidiable se ha convertido en una escena de desastre ecológico. ¡Las redes sociales estallaron! Para acusar que las costas de Veracruz, específicamente en la zona sur y la región de los Tuxtlas, enfrentan una contingencia ambiental que no solo mancha la arena de negro, sino que exhibe las fracturas entre el discurso de soberanía energética y la realidad del cuidado ambiental.


Mientras los habitantes de las zonas turísticas denuncian la llegada masiva de hidrocarburos a la franja costera, el comunicado oficial de Petróleos Mexicanos (Pemex) ha sido predecible: "No hay fugas", con lo que se subraya la narrativa gubernamental de negar la existencia de problemas. 


Esta desconexión entre el reporte técnico y la evidencia física difundida por redes en las playas, genera un vacío de responsabilidad que deja a los municipios y a los prestadores de servicios en la indefensión. 


Si no es Pemex, ¿de dónde viene el crudo? La falta de transparencia alimenta la sospecha de derrames en plataformas marítimas o descargas de buques tanque que aprovechan la nula vigilancia para limpiar sus depósitos en alta mar.


La contingencia no es solo un problema de estética para el turista. El impacto es tridimensional, ya que pega en los ecológico, en lo económico y hasta en un problema de salud pública.


Desde la visión ambiental, las manchas de "chapopote" afectan directamente a las poblaciones de tortuga marina que están por iniciar su ciclo de arribo y desove. La toxicidad del material degrada el fitoplancton, base de la cadena alimenticia marina.


Mientras que para Veracruz, el turismo es un pulmón financiero, ante la Semana Santa a la vuelta de la esquina, una playa cerrada o contaminada significa cancelaciones hoteleras y pérdidas millonarias para el sector restaurantero que apenas se recuperaba de crisis previas que se remontan a los años de pandemia.


Especialistas consultados por Focus Group sostienen que la exposición a los vapores de estos químicos y el contacto dérmico representan un riesgo latente para los habitantes locales y los trabajadores que, muchas veces sin equipo adecuado, intentan limpiar la zona, lo que puede derivar en distintos brotes infecciosos.


Las denuncias interpuestas por las autoridades locales ante la PROFEPA y la ASEA son el primer paso legal, pero históricamente han terminado en procesos burocráticos lentos que rara vez derivan en una remediación real o en sanciones ejemplares. En este sentido, llama la atención que mientras las autoridades ambientales no han dicho nada, el diputado federal Javier Herrera Borunda, fue el único que en sus redes sociales fijó una posición: "Desde el ámbito legislativo, hago un llamado urgente a las autoridades competentes para llegar a fondo en la investigación de estos hechos y actuar con prontitud, transparencia y rigor técnico, a fin de garantizar la contención de la contaminación, la restauración del ecosistema y la reparación y compensación de los daños ocasionados a las comunidades afectadas".


Y continúa el legislador veracruzano: "La costa del sur de Veracruz atraviesa un momento profundamente preocupante a raíz del derrame de hidrocarburos registrado en días recientes. Una mancha contaminante que continúa extendiéndose, impactando cientos de kilómetros de costa y comprometiendo seriamente el equilibrio de los ecosistemas marinos y costeros".


Pero nadie más ha fijado una postura, acción o al menos inducir que habrá investigación y la "contingencia" parece abordarse como un evento pasajero y no como un síntoma de una infraestructura petrolera envejecida o mal supervisada.


En conclusión, las playas de Veracruz están pagando el costo de una política que prioriza la producción a cualquier precio. Si México aspira a una verdadera transformación, ésta debe incluir la capacidad de reconocer sus errores industriales. El chapopote en la arena es el recordatorio más amargo de que la riqueza fósil, si no se maneja con rigor ético, termina por empobrecer lo más valioso que tiene el estado: su biodiversidad y su gente.


*Periodista/Tlaxcala