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martes, 3 de marzo de 2026

Al Estilo Mathey


*La justicia tiene memoria en Veracruz 

*Reforma, 4 fantásticas, 2 sindicatos y una batalla ganada

*Trabajadores, columna vertebral del Poder Judicial


Gustavo Cadena Mathey

Buen día, apreciado lector:

A pocos meses de haberse puesto en marcha la Reforma al Poder Judicial en nuestro país, el panorama jurídico de México vive una transformación sin precedentes, aunque aún algo confusa, normal.

Poco a poco, las instituciones se adaptan a un nuevo paradigma; pero con una señal inequívoca de que los tiempos de la arbitrariedad también paulatinamente están siendo desplazados por la institucionalidad de sus nuevas representantes, en su mayoría por todo el país.

Acá en el estado se refleja en la presencia histórica de cuatro presidentas marcando el rumbo en las nuevas instancias judiciales.

Hoy, Veracruz escribe una página distinta en la memoria de la justicia con cuatro presidentas: Rosalba Hernández Hernández, Paulina Elizabeth Ahumada Santana, Luz María López Aburto y Alma Rosa Flores Ceballos, marcan el rumbo con temple y visión. 

A ellas se suma la huella de Lisbeth Aurelia Jiménez Aguirre, quien por su buena labor en el Poder Judicial fue llamada por la Ejecutiva, Rocío Nahle, para asumir la Fiscalía que Veracruz necesita. Su trayectoria confirma que la justicia, cuando se ejerce con responsabilidad y coordinación, abre caminos más allá de los tribunales.

TAMBIÉN LOS TRABAJADORES CUENTAN

Sin embargo, para entender la salud de este Poder Judicial, no solo hay que mirar hacia arriba, sino hacia su columna vertebral: sus trabajadores. 

En el estado de Veracruz, la vida laboral se concentra en dos fuerzas: el Sindicato Estatal de Trabajadores al Servicio del Poder Judicial (SETSPJ) y el Sindicato Democrático de Empleados al Servicio del Poder Judicial (SDEPJEV). Se trata de una base trabajadora de élite intelectual; hombres y mujeres con licenciaturas, maestrías y doctorados que operan los engranes de la justicia.

El Sindicato Estatal de Trabajadores al Servicio del Poder Judicial (SETSPJ) – encabezado por María del Rocío Tinajero Osorio, quien representa la fuerza tradicional y con mayor antigüedad dentro del Poder Judicial y el Sindicato Democrático de Empleados al Servicio del Poder Judicial (SDEPJEV) – bajo el liderazgo de Omar Mora del Moral, que encarna la corriente renovadora y democrática.

De esa manera, el contraste queda bien definido: Rocío como símbolo de continuidad y experiencia, Omar como rostro de apertura y cambio.

Este reportero conoce bien esas entrañas. Fui invitado a laborar en el área de Comunicación Social por el magistrado Alberto Sosa Hernández que realizó excelente trabajo entre 2010 y 2016. 

No obstante, tras su salida, la institución cayó en manos de una administración de mala imagen encabezada por un tal Edel Álvarez Peña, quien de forma arbitraria decidió cesarme. Lo que siguió no fue el silencio, sino una batalla judicial que duró siete años.

En 2022, la ley me dio la razón. Fui reinstalado, demostrando que incluso frente al poder más absoluto, la justicia prevalece. Por decisión propia —y no por un intento de "congelamiento"— solicité mi reubicación a la Biblioteca del Tribunal, un recinto que resguarda el saber jurídico y donde hoy continúo mi labor con la dignidad intacta.

Este martes 3 de marzo, mi historia comienza a cerrar el ciclo de reivindicación. A mis casi 74 años de edad, he sido informado oficialmente de mi aceptación como integrante del Sindicato Democrático de Empleados al Servicio del Poder Judicial (SDEPJEV). Este ingreso, bajo el liderazgo de Omar Mora del Moral, no es solo una afiliación; lo tomo como el reconocimiento a una trayectoria que ni el tiempo ni los ceses injustificados pudieron borrar.

En tiempos de reforma nacional, el caso de este reportero queda como testimonio: la justicia puede tardar, pero cuando se tiene la razón y la perseverancia, siempre encuentra el camino de regreso a casa. Lo saben los nuevos titulares.

Y como siempre insisto: tengamos paz y armonía en el hogar. Cuidemos el agua, las plantas… y también la democracia. Porque igual que el WiFi, si no se protege, un día se cae y nos deja incomunicados. Y la democracia, a diferencia del internet, no tiene repetidor. ¡Aguas!

 


gustavocadenamathey@hotmail.com

(Premio Nacional de Periodismo)