Dr. Rafael Vela Martínez.
El
análisis que he realizado para el periodo 2015-2025 evidencia una trayectoria
errática. Veracruz ha transitado por fases de bajo crecimiento, contracciones
severas y recuperaciones parciales que no han logrado consolidarse. Entre 2016
y 2018, la entidad registró caídas consecutivas (-2.2% y -2.5%), reflejando un
debilitamiento estructural. Posteriormente, aunque hubo una recuperación en
2019-2020 (2.2%), esta fue insuficiente frente al desplome de -7.6% en
2020-2021, el más severo de la década. Si bien en los años recientes se observa
una recuperación —5.6% en 2021-2022 y crecimientos moderados posteriores—,
estos resultados no representan una expansión robusta, sino un rebote
estadístico tras una fuerte contracción. Más aún, el análisis confirma una
característica preocupante: alta volatilidad económica, con ciclos recurrentes
de crecimiento seguidos de caídas abruptas, lo que revela una economía sin
bases sólidas de expansión.
El
problema no es coyuntural: es estructural. El comportamiento observado no es
producto del azar ni exclusivamente de factores externos. Es el resultado de
una falla estructural en la forma de planificar el desarrollo económico en
Veracruz. Durante décadas, los gobiernos estatales —sin distinción partidista—
han mantenido un modelo de planeación sectorial, fragmentado y desarticulado
del territorio, ignorando la principal ventaja comparativa de la entidad: su
carácter metropolitano. Veracruz cuenta con 7 Zonas Metropolitanas (ZM);
un Área Conurbada (Acayucan); y, un municipio
con perfil metropolitano (Tuxpan). Estos nueve nodos concentran la mayor
parte de la actividad económica y la generación de riqueza (más del 85% del PIB
estatal).
Lo
que hoy sostiene la economía veracruzana es un fenómeno peligroso: crecimiento
inercial. Es decir, las zonas metropolitanas siguen generando actividad
económica no por una estrategia gubernamental, sino por su propia dinámica
interna. Pero toda economía tiene límites: cuando no existe inversión
estratégica, planeación territorial ni políticas de articulación regional, se
activa una ley económica inevitable: los rendimientos marginales decrecientes. La
ausencia de una visión territorial ha generado tres grandes problemas
estructurales: 1. Fuga sistemática de riqueza, ya que gran parte del
ingreso generado en las zonas metropolitanas se traslada a otras entidades por
falta de integración productiva local (alrededor de 15 mil millones de pesos mensuales); 2. Desarticulación
regional, pues no existe una estrategia que vincule lo urbano con lo rural,
lo industrial con lo agrícola, ni los mercados con la producción local; y, 3. Subinversión
en infraestructura estratégica, en tanto las metrópolis operan por debajo
de su potencial debido a la falta de equipamiento, logística y planeación de
largo plazo.
La
solución que proponemos es una nueva regionalización basada en Regiones
Metropolitanas (RM). El problema no se resolverá con programas aislados ni con
incrementos marginales del gasto público, se requiere un cambio de paradigma: pasar
de la planeación sectorial a la planeación territorial. La propuesta es clara: estructurar
la política pública en torno a Regiones Metropolitanas (RM), donde cada ZM funcione
como nodo de desarrollo articulado con su entorno regional. Esto implica: a) Planificar
desde el territorio, no desde las dependencias; b) Integrar cadenas productivas
regionales; c) Retener la liquidez dentro de cada región; d) Impulsar inversión
estratégica en infraestructura metropolitana; e) Vincular campo, industria,
servicios y Universidad Veracruzana, bajo una lógica territorial.
Veracruz
no es un estado pobre en recursos. Es un estado mal planificado. Los datos del
ITAEE no solo reflejan una caída coyuntural. Son la evidencia de que el modelo
actual ha llegado a su límite. Si el Gobierno del Estado no actúa de manera
inmediata es muy probable que el crecimiento moderado se convierta en
estancamiento; el estancamiento en contracción; y, la contracción en crisis
estructural: la historia económica reciente ya lo ha demostrado.
Veracruz
tiene todo para crecer: ubicación estratégica, recursos naturales, capital
humano y una estructura metropolitana única en el país. Lo que falta no es
diagnóstico, desde mi punto de vista lo que falta es decidir: decisión para
invertir donde se genera la riqueza que es en las ZM, con estrategias de
dispersión de la actividad económica hacia los municipios adyacentes; decisión
para reorganizar el territorio con base en la propuesta de Regiones
Metropolitanas (urbano-rurales); y, decisión para romper con la inercia
administrativa que es una herencia de por lo menos hace 20 años.
Si lo
analizamos desde la perspectiva de la planeación política, como lo advirtió
Carlos Matus, “gobernar es elegir entre alternativas bajo restricciones; no
elegir también es una forma de elegir”. A su vez, desde la Economía Regional
—hoy más vigente que nunca frente a la crisis de la globalización—, Gunnar
Myrdal explicó que los procesos económicos son acumulativos (Principio de la Causación
Circular Acumulativa): cuando operan en sentido negativo, generan círculos
viciosos difíciles de revertir. Veracruz aún está a tiempo de romper ese
ciclo; no hacerlo implicaría institucionalizar el rezago.
