Dr. Rafael Vela Martínez
En Veracruz, la planeación del desarrollo
territorial parece haberse quedado atrapada en el pasado. Mientras otras
entidades avanzan hacia modelos dinámicos de organización regional, el estado
continúa operando bajo un esquema de “10 Regiones” que, más que responder a
criterios técnicos, son vestigios de decisiones políticas heredadas de un
antiguo régimen. El problema no es menor. La regionalización es una herramienta
fundamental para ordenar el territorio, coordinar políticas públicas y detonar
el desarrollo económico y social. Sin embargo, en Veracruz, esta base
estratégica simplemente no existe en términos funcionales.
En la práctica, las llamadas “10 Regiones de
Gobierno” son letra muerta. Basta observar el funcionamiento interno del propio
aparato estatal para evidenciarlo: cada secretaría opera bajo su propia lógica
territorial. La Secretaría de Salud divide el estado en Jurisdicciones
Sanitarias; la Secretaría de Educación lo hace mediante Delegaciones; la
SEDARPA establece Distritos; y así sucesivamente. El resultado es un mosaico
desarticulado donde cada dependencia “reinventa” el territorio según sus
necesidades. Este desorden institucional no solo revela la obsolescencia del
modelo vigente, sino que pone en entredicho la capacidad del Poder Ejecutivo
para coordinar políticas públicas, así como la omisión del Poder Legislativo
para establecer un marco normativo coherente.
Expertos en planeación coinciden en un
principio básico: las regiones no son estáticas, son dinámicas. Cambian con el
tiempo en función de variables económicas, sociales, urbanas y ambientales. Ignorar
este principio ha tenido consecuencias profundas. La falta de una
regionalización moderna y funcional es uno de los factores que explican el
rezago en el desarrollo de Veracruz. Sin una visión territorial clara, no hay
forma de articular inversiones, aprovechar ventajas comparativas ni ordenar el
crecimiento urbano y rural. En otras palabras: sin planeación regional, no hay
desarrollo sostenible.
Una oportunidad única: las metrópolis
veracruzanas. Paradójicamente, Veracruz posee una de las mayores fortalezas
territoriales del país: su red de ciudades, sistema y subsistema de ciudades
(ver el libro Sistema de Ciudades de Veracruz, (disponible en www.enfoqueveracruz.org).
La entidad cuenta con siete zonas metropolitanas, un área conurbada (Acayucan)
y un municipio con características metropolitanas como Tuxpan. Ningún otro
estado en México tiene una configuración similar; el más cercano, Coahuila,
cuenta apenas con cuatro zonas metropolitanas. Estas metrópolis no son solo
concentraciones urbanas: son los motores económicos donde se genera y se
concentra la riqueza. Son, por tanto, el punto de partida natural para una
nueva regionalización.
La propuesta: 9 Regiones Metropolitanas. Frente al
vacío actual, surge una propuesta concreta: reorganizar Veracruz en 9 Regiones
Metropolitanas, cada una estructurada en torno a una metrópoli. Este modelo
permitiría: coordinar políticas públicas bajo una lógica territorial real; impulsar
el desarrollo económico regional aprovechando economías de aglomeración; integrar
zonas urbanas y rurales mediante el concepto de “Agrópolis”, fortaleciendo el
vínculo campo-ciudad; optimizar la inversión pública y privada; recuperar el
territorio como eje central del bienestar social. Las Agrópolis, como componente rural de
estas regiones, permitirían incorporar al campo en la dinámica del desarrollo,
evitando que las zonas rurales queden marginadas del crecimiento.
Sin embargo, cualquier propuesta seria de
regionalización debe reconocer una realidad clave: no todo el desarrollo puede
ni debe concentrarse en las grandes metrópolis. Aquí entra un concepto
fundamental: las Micrópolis, las cuales son unidades territoriales
intermedias que, sin alcanzar el nivel de una metrópoli, tienen la capacidad de
articular economías locales, prestar servicios regionales y detonar el
desarrollo en zonas alejadas de los grandes centros urbanos. En Veracruz, su
definición es urgente. Ejemplos claros que se han configurado de forma natural:
Micrópolis de Los Tuxtlas: integrada por Ángel R. Cabada, Santiago
Tuxtla, San Andrés Tuxtla y Catemaco, con un enorme potencial turístico,
agroecológico y cultural. Micrópolis de los Cítricos: conformada por
Martínez de la Torre, Misantla, San Rafael, Nautla y Vega de Alatorre, una
región estratégica para la producción agroindustrial. Micrópolis del
Papaloapan: con Cosamaloapan, Carlos A. Carrillo y Tres Valles, entre otros
municipios, con vocación agrícola y agroindustrial clave para el sur del
estado.
Estas Micrópolis permitirían equilibrar el
desarrollo territorial, evitando que amplias zonas queden marginadas del
crecimiento económico. La responsabilidad de corregir este rumbo recae
directamente en el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo de Veracruz. No
se trata solo de redibujar mapas, sino de establecer un nuevo modelo de
gobernanza territorial. Se requiere: actualizar el marco legal en materia de
planeación regional; establecer una regionalización única y obligatoria para
todas las dependencias; incorporar criterios técnicos, económicos y sociales en
la delimitación territorial; garantizar mecanismos de evaluación y
actualización periódica. El estado enfrenta una disyuntiva clara: continuar con
un modelo obsoleto que perpetúa el desorden, o apostar por una transformación
profunda basada en la planeación territorial moderna. La propuesta está sobre
la mesa con soporte en investigaciones científicas, ampliamente reconocidas por
los regionalistas más destacados en el país y Latinoamérica. Las condiciones
existen. El potencial es evidente. Lo que falta es voluntad política. Y
esa, hoy más que nunca, debe venir desde lo más alto del poder público.
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