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domingo, 22 de marzo de 2026

UN LLAMADO URGENTE A LOS PODERES DEL ESTADO DE VERACRUZ


Dr. Rafael Vela Martínez

En Veracruz, la planeación del desarrollo territorial parece haberse quedado atrapada en el pasado. Mientras otras entidades avanzan hacia modelos dinámicos de organización regional, el estado continúa operando bajo un esquema de “10 Regiones” que, más que responder a criterios técnicos, son vestigios de decisiones políticas heredadas de un antiguo régimen. El problema no es menor. La regionalización es una herramienta fundamental para ordenar el territorio, coordinar políticas públicas y detonar el desarrollo económico y social. Sin embargo, en Veracruz, esta base estratégica simplemente no existe en términos funcionales.

 

En la práctica, las llamadas “10 Regiones de Gobierno” son letra muerta. Basta observar el funcionamiento interno del propio aparato estatal para evidenciarlo: cada secretaría opera bajo su propia lógica territorial. La Secretaría de Salud divide el estado en Jurisdicciones Sanitarias; la Secretaría de Educación lo hace mediante Delegaciones; la SEDARPA establece Distritos; y así sucesivamente. El resultado es un mosaico desarticulado donde cada dependencia “reinventa” el territorio según sus necesidades. Este desorden institucional no solo revela la obsolescencia del modelo vigente, sino que pone en entredicho la capacidad del Poder Ejecutivo para coordinar políticas públicas, así como la omisión del Poder Legislativo para establecer un marco normativo coherente.

 

Expertos en planeación coinciden en un principio básico: las regiones no son estáticas, son dinámicas. Cambian con el tiempo en función de variables económicas, sociales, urbanas y ambientales. Ignorar este principio ha tenido consecuencias profundas. La falta de una regionalización moderna y funcional es uno de los factores que explican el rezago en el desarrollo de Veracruz. Sin una visión territorial clara, no hay forma de articular inversiones, aprovechar ventajas comparativas ni ordenar el crecimiento urbano y rural. En otras palabras: sin planeación regional, no hay desarrollo sostenible.

 

Una oportunidad única: las metrópolis veracruzanas. Paradójicamente, Veracruz posee una de las mayores fortalezas territoriales del país: su red de ciudades, sistema y subsistema de ciudades (ver el libro Sistema de Ciudades de Veracruz, (disponible en www.enfoqueveracruz.org). La entidad cuenta con siete zonas metropolitanas, un área conurbada (Acayucan) y un municipio con características metropolitanas como Tuxpan. Ningún otro estado en México tiene una configuración similar; el más cercano, Coahuila, cuenta apenas con cuatro zonas metropolitanas. Estas metrópolis no son solo concentraciones urbanas: son los motores económicos donde se genera y se concentra la riqueza. Son, por tanto, el punto de partida natural para una nueva regionalización.

 

La propuesta: 9 Regiones Metropolitanas. Frente al vacío actual, surge una propuesta concreta: reorganizar Veracruz en 9 Regiones Metropolitanas, cada una estructurada en torno a una metrópoli. Este modelo permitiría: coordinar políticas públicas bajo una lógica territorial real; impulsar el desarrollo económico regional aprovechando economías de aglomeración; integrar zonas urbanas y rurales mediante el concepto de “Agrópolis”, fortaleciendo el vínculo campo-ciudad; optimizar la inversión pública y privada; recuperar el territorio como eje central del bienestar social.  Las Agrópolis, como componente rural de estas regiones, permitirían incorporar al campo en la dinámica del desarrollo, evitando que las zonas rurales queden marginadas del crecimiento.

 

Sin embargo, cualquier propuesta seria de regionalización debe reconocer una realidad clave: no todo el desarrollo puede ni debe concentrarse en las grandes metrópolis. Aquí entra un concepto fundamental: las Micrópolis, las cuales son unidades territoriales intermedias que, sin alcanzar el nivel de una metrópoli, tienen la capacidad de articular economías locales, prestar servicios regionales y detonar el desarrollo en zonas alejadas de los grandes centros urbanos. En Veracruz, su definición es urgente. Ejemplos claros que se han configurado de forma natural: Micrópolis de Los Tuxtlas: integrada por Ángel R. Cabada, Santiago Tuxtla, San Andrés Tuxtla y Catemaco, con un enorme potencial turístico, agroecológico y cultural. Micrópolis de los Cítricos: conformada por Martínez de la Torre, Misantla, San Rafael, Nautla y Vega de Alatorre, una región estratégica para la producción agroindustrial. Micrópolis del Papaloapan: con Cosamaloapan, Carlos A. Carrillo y Tres Valles, entre otros municipios, con vocación agrícola y agroindustrial clave para el sur del estado.

 

Estas Micrópolis permitirían equilibrar el desarrollo territorial, evitando que amplias zonas queden marginadas del crecimiento económico. La responsabilidad de corregir este rumbo recae directamente en el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo de Veracruz. No se trata solo de redibujar mapas, sino de establecer un nuevo modelo de gobernanza territorial. Se requiere: actualizar el marco legal en materia de planeación regional; establecer una regionalización única y obligatoria para todas las dependencias; incorporar criterios técnicos, económicos y sociales en la delimitación territorial; garantizar mecanismos de evaluación y actualización periódica. El estado enfrenta una disyuntiva clara: continuar con un modelo obsoleto que perpetúa el desorden, o apostar por una transformación profunda basada en la planeación territorial moderna. La propuesta está sobre la mesa con soporte en investigaciones científicas, ampliamente reconocidas por los regionalistas más destacados en el país y Latinoamérica. Las condiciones existen. El potencial es evidente. Lo que falta es voluntad política. Y esa, hoy más que nunca, debe venir desde lo más alto del poder público.

 

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