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Por Jorge Ramón Rizzo*
En el complejo ajedrez político de Veracruz, pocos movimientos fueron tan estratégicos y posteriormente desgarradores, como la designación y salida de Jorge Winckler Ortiz en la Fiscalía General del Estado (FGE) durante el bienio de Miguel Ángel Yunes Linares, entre 2016 y 2018.
Yunes Linares, consolidó su poder como gobernador de Veracruz usando a Jorge Winckler como su "fiscal de hierro", para luego abandonarlo tras su detención en 2022 por presunta desaparición forzada y tortura.
Winckler no era solo el fiscal; era el instrumento jurídico, la mano ejecutora de la promesa yunista de meter a la cárcel a los funcionarios del régimen de Javier Duarte, que le antecedió en el poder. Sin embargo, tras la salida de Yunes Linares del poder, la lealtad se convirtió en olvido.
Mientras el ex-fiscal acumulaba acusaciones y pasaba meses prófugo, el silencio de Miguel Ángel Yunes Linares fue notable. La narrativa de que Winckler era el "chivo expiatorio" de un régimen que prometió justicia pero dejó impunidad se fortaleció en la opinión pública veracruzana.
Y es que, con la llegada de la administración morenista de Cuitláhuac García en Veracruz, la suerte de Winckler cambió drásticamente. Fue separado del cargo, perseguido y finalmente detenido en julio de 2022 en Oaxaca, acusado de presunta desaparición forzada y secuestro.
La historia política reciente de Veracruz no se puede entender sin la dupla formada por el exgobernador entonces panista Miguel Ángel Yunes Linares y su incondicional Fiscal General del Estado, Jorge Winckler Ortiz. Sin embargo, esta relación de lealtad absoluta terminó en uno de los abandonos políticos más sonados de la historia reciente de México, dejando a Winckler en prisión y a Yunes Linares operando en el escenario nacional.
Jorge Winckler fue descrito por críticos y opositores como una pieza clave y "controvertida" del gobierno saliente. Durante dos años, Winckler entregó resultados mediáticos, detenciones de alto perfil y una confrontación directa con el grupo político de Duarte.
Como ya lo dije, Winckler fue pieza clave en la persecución contra el duartismo, pasó de ser el "fiscal carnal" a un chivo expiatorio abandonado por el "Clan Yunes", permaneciendo hoy en prisión.
Pero, a decir de analistas locales y opositores, Winckler, más que un "fiscal carnal" fue un "fiscal marioneta" que, fiel a la costumbre política del "traidor", fue usado y desechado.
Jorge Winckler Ortiz fue el brazo derecho en la estrategia del gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares, enfocado en perseguir a sus adversarios. Hoy, Jorge Winckler sigue en prisión, acusado de tortura. A pesar de los amparos solicitados, su situación legal sigue siendo crítica. El caso de Winckler se ha convertido en un recuerdo de cómo el poder político en Veracruz, específicamente durante la administración de Yunes Linares, fue capaz de instrumentalizar la justicia y, posteriormente, abandonar a quienes operaron sus órdenes.
La historia de Yunes y Winckler es, a la luz de los hechos, una muestra más de la fragilidad de las alianzas políticas construidas sobre la persecución y el uso del aparato de justicia.
El episodio más reciente en el que un juez de control ratificó está semana la prisión preventiva justificada, asegurando que el excolaborador de Miguel Ángel Yunes Linares continúe tras las rejas mientras se desahogan nuevos procesos en los que es imputado por presunto ejercicio indebido del servicio público, abuso de autoridad y tráfico de influencias. Así que Winkler seguirá en la sombra carcelaria, mientras los Yunes están bajo los reflectores del poder.
*Periodista/Tlaxcala
