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domingo, 1 de marzo de 2026

El ego: entre la soberbia y la autenticidad


Ruan Ángel Badillo Lagos

¡Hermosa la pluma del mensajero que trae buenas nuevas!

El mundo moderno aparece a la vez poderoso y débil, capaz de lo mejor y de lo peor, pues tiene abierto el camino para optar entre la libertad o la esclavitud, entre el progreso o el retroceso, entre la fraternidad y el odio. El hombre sabe muy bien que está en su mano el dirigirse correctamente. En realidad, los desequilibrios que fatigan al hombre están conectados en las raíces de su corazón.

El ego, puede convertirse en amenaza para las relaciones y la paz interior. La voz del ego suele presentarse grande, fuerte y segura; en realidad, resulta frágil y vacía. Cualquier crítica o desacuerdo se percibe como amenaza existencial, y la búsqueda de validación externa actúa cual motor agotador. Cuando se hincha, induce la creencia de ocupar el centro del universo; esa ilusión se desmorona ante la verdad o ante la mirada ajena. Este fenómeno no excluye a nadie, pues toda persona cae en la trampa de la autoimportancia, especialmente en entornos competitivos.

Hay dos formas de vivir: amor a Dios y a los demás contra el amor extremo a uno mismo. La propuesta es clara; vivir desde el amor a Dios y a los demás, apertura hacia algo mayor, o permanecer centrados en el yo. Esta visión antropocéntrica acarrea consecuencias y a veces se disfraza de superación personal.

En la primera vía, la persona se abre a una realidad marcada por ternura y misericordia, y aprende a acoger al prójimo. En la segunda, busca independencia absoluta y desatiende el valor del aporte ajeno. El amor tóxico propio del mundo contemporáneo conocido como “la era del ego” suele presentarse como crecimiento personal o autocuidado exacerbado, es decir, convertirse en el centro de todo. El ego autosuficiente evita depender, reclama derechos y pretende mostrarse inalcanzable.

El ego en la vida cotidiana

El ego tiende a encerrar en una cárcel de espejos en la cual solo aparece el propio reflejo. En relaciones genuinas dos personas se encuentran y se respetan. Salir de uno sí y reconocer la primacía del otro en cada interacción sostiene vínculos sanos; más aún en la relación con Dios, entendida como intimidad entre amigos. Por tanto, se puede definición: El ego constituye la percepción y construcción de la propia identidad, o sea, los pensamientos, las emociones y las creencias. Su función consiste en mediar entre impulsos y normas sociales. En la actualidad se vincula íntimamente con la autoestima y la autoimagen, e influye en la percepción de experiencias y en el modo de relacionarse. Por ello propongo:

El ayuno del ego: un camino práctico hacia la armonía

Conviene moderar —no anular— la influencia del yo con el fin de actuar con mayor claridad, compasión y propósito. Esta meta exige humildad.

Este itinerario promueve una vida más equilibrada y auténtica, guiada por empatía y sencillez en decisiones y tratos.

Uso práctico del ayuno del ego

 Reconocer la voz del ego en momentos clave.

 Practicar la escucha activa y valorar las aportaciones ajenas; admitir la posibilidad de error.

 Buscar un propósito trascendente, una relación con Dios.

Conclusión

El ego no resulta intrínsecamente negativo; sin embargo, limita cuando se impone como único horizonte. Reconocer su voz y cultivar apertura hacia los demás y hacia lo trascendente permite vivir con mayor claridad y compasión. El ayuno del ego ofrece un marco concreto para transformar la autoconciencia en fuerza capaz de fortalecer relaciones y profundizar la propia trascendencia.

EL ROSTRO DE JESÚS


 "Lámpara es tu Palabra para mis pasos, una luz en mi sendero" (Sal 119, 105)

II Domingo de Cuaresma. Ciclo A

P. José Manuel Suazo Reyes 

El evangelio de este segundo domingo de cuaresma ( Mt 17, 1-9) nos presenta el relato de la transfiguración. Jesús sube a un monte elevado y se transfigura delante de tres discípulos: Pedro, Santiago y Juan. San Mateo comenta lo siguiente: “su rostro se puso resplandeciente como el sol y sus vestiduras se volvieron blancas como la nieve. De pronto aparecieron ante ellos Moisés y Elías, conversando con Jesús”. 


La transfiguración es una revelación de la persona de Jesús, los signos de la nube, la luz y la voz divina así lo confirman. Estamos ante una verdadera epifanía como las que se narran en otros textos bíblicos. Jesús prepara a sus discípulos para el misterio pascual, esta revelación dispone a los discípulos para que puedan superar la prueba de la pasión y al mismo tiempo tengan elementos para interpretar la resurrección. Con la transfiguración Jesús revela anticipadamente su gloria. 


La presencia de Moisés y de Elías en esta manifestación completa la escena. Moisés es el representante de la Torá (Ley judía) y Elías representa al profetismo. Ambos tuvieron revelaciones especiales en el Antiguo Testamento. El hecho de que estos dos personajes aparezcan dialogando con Jesús muestra que su mensaje está en sintonía con las enseñanzas que Dios había ya revelado en la ley judía y por medio de los profetas. De hecho Jesús ha dicho “No he vendido a abolir la ley ni los profetas, he venido para darles cumplimiento” (Mt 5, 17).


San Mateo pone la atención en el rostro de Jesús: “su rostro se puso resplandeciente…” Esto nos recuerda al salmo 27, 9 que dice: “Si, Yahvé, tu rostro busco; no me ocultes tu rostro”. Quien quiera conocer a Dios debe contemplar el rostro transfigurado de Jesús. El mismo Jesús dice en otro evangelio: “El que me ve a mí, ve a mi Padre” Jn 14, 9. El rostro de Jesús revela la santidad y la misericordia de Dios. 


La voluntad de Dios para los seres humanos se revela ahora en la persona de Jesús. De hecho, luego de la transfiguración se escucha una voz: “este es mi Hijo muy amado en quien tengo puestas mis complacencias; escúchenlo”. Quien desea vivir la voluntad de Dios debe seguir a Jesús, escucharle, acoger sus enseñanzas y con la ayuda de la gracia divina profundizar en ellas. 


La transfiguración prepara a los discípulos, representados por Pedro, Santiago y Juan, a enfrentar la fuerza de la cruz. Cuando vean a Jesús rechazado, juzgado y colgado de la Cruz, comprenderán así que el que sufre es el Hijo predilecto de Dios; interpretarán la pasión como un misterio luminoso por una parte, pero también oscuro.


La pasión es un misterio oscuro por sus aspectos humillantes, dolorosos y escandalosos; pero es también un misterio luminoso porque revela el amor infinito de Dios. Revela el amor del Padre que nos entrega a su Hijo; revela el amor del Hijo que se entrega voluntariamente, se ofrece a sí mismo y ofrece su vida para salvarnos, como él mismo había dicho: nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos” Jn 15, 13. 


Con la transfiguración se revela la identidad y la misión de Jesús; se manifiesta el rostro de Dios que debemos buscar siempre y también en la transfiguración se esboza la meta de todo cristiano, también nosotros podemos experimentar esta transfiguración si nos mantenemos unidos a Jesús.

La luz del bien debe iluminar cualquier proyecto de desarrollo