IMPRONTA
Carlos Miguel Acosta Bravo
Actualmente en el país hay 400 medios registrados
en el padrón de medios del Gobierno de México; 2,000 estaciones de radio y 500
canales de televisión, el número de portales de noticias independientes esta en
constante crecimiento y no se cuenta con un padrón actualizado. Como consecuencia y derivado de la era digital
el exceso de información -o infodemia- afecta al individuo en sociedad al
saturar su capacidad cognitiva, elevar el estrés y la ansiedad, y dificulta la
distinción entre fuentes confiables y desinformación, lo que debilita la toma
de decisiones personales y colectivas, polariza el debate público y erosiona la
confianza en instituciones democráticas. Para construir un pensamiento propio
en este entorno y diferenciar información real de fake news, se
requieren estrategias de alfabetización digital, verificación de fuentes y
hábitos de consumo crítico; las recomendaciones claves incluyen leer la noticia
completa, contrastar con medios confiables, verificar autor y fecha, y romper
la cadena de difusión si hay dudas.
La infodemia se define como una cantidad excesiva
de información correcta, incorrecta o parcialmente correcta que dificulta
encontrar fuentes confiables cuando se necesitan; esto genera ansiedad,
depresión, agobio y agotamiento emocional, especialmente en jóvenes, ante la
incapacidad para estar informado de todos los temas, debido a la saturación de
información.
La desinformación amplifica divisiones culturales,
étnicas y políticas, afecta la confianza en instituciones y puede influir en
resultados electorales o deslegitimarlos, lo que la coloca entre las
principales amenazas a los sistemas democráticos.
La evidencia muestra efectos a corto y mediano
plazo sobre el comportamiento en línea y la respuesta emocional del individuo,
así como consecuencias sobre la salud en el caso de la infodemia por ejemplo,
durante pandemias.
Ante la saturación, el individuo tiende a
dispersarse y no genera una forma sólida de asumir la información; por eso es
clave leer con criterio, cuestionar el contenido y verificar la fuente antes de
formar una opinión.
Una de las tareas pendientes consiste en desarrollar
habilidades para identificar sesgos, cámaras de resonancia y la recurrente manipulación
algorítmica que puede permitir elegir e informarse de manera plural y diversa,
fortaleciendo la resiliencia democrática.
Las instituciones y expertos recomiendan un
conjunto de pasos prácticos para verificar la veracidad de una noticia y así
diferenciarlas de fake news. El primer paso consiste en verificar si proviene
de un medio legítimo, con prestigio y trayectoria; si es una cadena de WhatsApp
con autor desconocido, es mejor no compartirla. El segundo es verificar al
autor, buscar quién escribió el artículo y si tiene credibilidad en el tema. La
tercer herramienta es buscar el titular en Google, si es verdadera, es probable
que otros medios confiables la hayan compartido; si es falsa, puede que sitios
de verificación ya la tengan clasificada como tal.
También se sugiere revisar si los números citados
tienen sentido y si aparecen en otras fuentes. Verificar fecha y contexto, pues sacar
una noticia de contexto o divulgarla en una fecha diferente también es una forma
de desinformación. Revisar la URL, pues algunos sitios se hacen pasar por medios
verdaderos, cuando en realidad estan suplantando páginas acreditadas con nombres parecidos. Otra de las
recomendaciones es ante una duda de fake new es romper la cadena, no compartir
y, si se difundió por error, avisar a los contactos para que borren el posteo.
Entre las recomendaciones
prácticas para el individuo son tomar medidas proactivas, comprobar la
veracidad de una noticia antes de compartirla, especialmente en redes sociales,
donde la información es más vulnerable a la manipulación.
Es conveniente denunciar contenidos falsos,
reportar en las redes sociales los posteos que se consideren fraudulentos y a
los usuarios que los promueven, ante esto la práctica debe ser diversificar
fuentes, seguir medios con diferentes líneas editoriales y consultar sitios de
verificación fact-checking para contrastar afirmaciones polémicas. Es
recomendable gestionar el consumo, establecer límites de tiempo en redes,
priorizar fuentes oficiales y evitar la exposición continua a contenidos
sensacionalistas que elevan el estrés.
En conclusión, la infodemia no es solo un problema
de volumen de información, sino de calidad y confianza, pues afecta la salud
mental, polariza la sociedad y debilita la democracia. Para construir
pensamiento propio y diferenciar información real de fake news, el
individuo debe adoptar hábitos de verificación, pensamiento crítico y consumo
responsable, siguiendo recomendaciones prácticas como leer la noticia completa,
contrastar fuentes, verificar autor y fecha, y romper la cadena de difusión si
hay dudas.
