El viernes Santo, recordamos la muerte de Jesús. Este día la Iglesia no celebra el Sacrificio eucarístico, en ninguna parte del mundo se oficia la santa misa, sólo distribuye la sagrada comunión.
El oficio litúrgico de este día se le conoce como la celebración de la pasión del Señor y está estructurado en tres momentos importantes, a saber: la liturgia de la palabra, la veneración de la cruz y la sagrada comunión.
El viernes santo también se medita el sagrado viacrucis y se hace la procesión del silencio. El primero nos permite acompañar a Jesús en el
Camino hacia el calvario, en el segundo acompañamos a la virgen María de regreso del calvario a su casa.
VIERNES SANTO, el drama de la cruz…
Vivimos tiempos difíciles, un mundo convulsionado y contradictorio… “hay mucho dolor en la población por tantas pérdidas humanas, rostros de tristeza por la enfermedad y la desgracia de la violencia, muchos miedos ante tanta inseguridad social y económica, el trato irresponsable a las personas y a nuestra casa común, una dialéctica de división y polarización que enfatiza las diferencias para provocar odio, recelo y confrontación” (carta del arzobispo de Xalapa a los sacerdotes, el jueves santo)
“Estas tristes realidades, lejos de desanimarnos, renuevan en nosotros el gozo de nuestro ministerio pues sabemos que Jesucristo nos amó hasta el extremo, nos eligió inmerecidamente para ser sus ministros de misericordia y multiplicadores de su amor”
Los signos de muerte (uso de la ley a conveniencia, condena del justo y liberación de Barrabás, desprecio de la vida, el dolor de los clavos y las injurias de la Cruz) típicos del viernes de dolores no son definitivos, es una noche obscura que pasará con la resurrreción. Estamos llamados a la vida.
Pbro. José Manuel Suazo Reyes.
Pbro. José Manuel Suazo Reyes
