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sábado, 11 de junio de 2022

Los vaivenes de la vida


Lucía de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga, mejor conocida como Gabriela Mistral, en su poema titulado Desolación describe el palpitar de sus sentimientos. Ante situaciones, escenarios y pensamientos diversos, desarrolla los temas capitales de su obra poética, a través de los poemas de Desolación. Éstos tienen como origen el dolor y las oscilaciones emocionales producidas por el suicidio de su enamorado, quien se quita la vida no por ella, sino por la angustia provocada por unas deudas contraídas. 

Estimado lector, en algunos momentos de la vida, no sé si te ha pasado, se siente la desolación, cuando se manifiesta una sensación de vacío, como un hundimiento provocado por una angustia o tristeza. En esos momentos parece que todo ha terminado, ha quedado en ruinas, se ha perdido y solo permanecen destrozos.

Gabriela Mistral fue la primera mujer iberoamericana y la segunda persona latinoamericana en recibir un premio Nobel, y cómo no, si bien sabía de los vaivenes de la vida por los que pasa el alma: la desolación y la consolación.

Estos dos grandes movimientos interiores que el hombre va experimentando en su vivir diario hacen referencia a una experiencia de gusto, de fuerza y de paz espiritual cuando se habla de la consolación; esto no se debe confundir con una sensación de bienestar o de satisfacción meramente humana, sino que va más allá en el plano, como dije, espiritual, pero a qué viene eso en un mundo que reclama ocupaciones, tareas y responsabilidades, ¿quién podrá tener tiempo para esas cosas?

Existen en nosotros dos grandes experiencias muy fuertes en lo más profundo de nuestro ser; por un lado, está la consolación en donde se recupera el aliento en situaciones de dolor, el miedo se va, se puede volver a respirar, a sentir aliento y consuelo de que no estoy solo. El alma reposa en Dios en unión estable.

La desolación es una privación de los consuelos sensibles que incita al desaliento a las cosas de Dios y al desarrollo de las virtudes, es la sequedad y la aridez cuando estás insensible ante las cosas espirituales. Se puede llegar a perder la paz interior, es como un campo seco en donde, en lugar de pasto verde, solo existe tierra árida, polvo y nubarrones, tedio o fastidio.

Estos vaivenes de la vida interior traen consigo la necesidad de seguir avanzando; hay que aprender a detectar y a discernir en qué estado se encuentra mi alma, porque estas experiencias hacen crecer, siempre y cuando la razón y la fe te lleven a la cumbre de elevar tu espíritu a Dios.

También quiero exponer que existen factores humanos que pueden incidir en la vida espiritual, entre los cuales se destaca alguna enfermedad prolongada, las deudas, la falta de trabajo o la economía, problemas familiares y sentimentales, entre otros más. Ante ello es recomendable afianzar la fe y llevar una vida austera, sin “remilgamientos” hasta que el creador disponga lo contrario.

En esta vida material es conveniente tratar de tener una vida espiritual, la cual exige entrar en nuestro interior, caminar y correr por las calzadas del alma. Entonces, cuando surja la necesidad de ir cuesta arriba, no se debe olvidar que la paciencia todo lo alcanza, lo importante es caminar y estar conscientes de que la luz ilumina nuestro camino. Así como el sol, sabemos que ahí está, aunque no lo veas. Dios siempre está y, después de la noche, amanecerá.

Gabriela Mistral no solo fue una poetisa, sino que experimentó por el testimonio de sus escritos la desolación y, seguramente, los consuelos en su vida. Un ejemplo de éstos últimos fue el recibir el premio Nobel.