Por Miguel Ángel Cristiani G.
En Tuxpan acaba de surgir una de esas historias incómodas.
El gobierno municipal que encabeza Daniel Cortina habría respaldado la
presentación del libro Tecomar, de Carlos Viveros Figueroa, quien fue director
de esa empresa, y en el acto se presentó a representantes de la compañía
prácticamente como parte de una historia de éxito y hasta como “héroes”.
El problema es que detrás del nombre Tecomar existe también
una historia mucho más dolorosa: la desaparición del buque mercante Tuxpan,
ocurrida en el Atlántico en febrero de 1987, con toda su tripulación.
De acuerdo con la información proporcionada para esta
columna, el barco había salido de Bremen, Alemania, con destino a Tuxpan,
Veracruz, transportando 551 contenedores. Inicialmente se informó que la
embarcación se había hundido durante una tormenta la noche del 24 de febrero.
Pero investigaciones posteriores y la apertura de archivos
del Tribunal del Distrito Sur de Nueva York habrían arrojado una versión
diferente.
Según esos documentos, el buque presentaba problemas
técnicos antes de iniciar su último viaje: fallas en el motor, grietas en la
placa y pernos de la base del motor sueltos. La embarcación habría quedado a la
deriva después de una falla mecánica, sin posibilidades de enviar señales de
auxilio.
Otro de los señalamientos más delicados es que la posición
proporcionada a la Guardia Costera estadounidense habría sido incorrecta, lo
que dificultó la localización de la nave y de sus tripulantes.
El tribunal estadounidense habría determinado además
responsabilidades económicas para la empresa, incluyendo el pago por una carga
valuada en 22 millones de dólares y compensaciones a familiares de los marinos
desaparecidos.
Aquí es donde la historia adquiere otra dimensión.
Porque una cosa es presentar un libro sobre la trayectoria
de una empresa y otra muy distinta es convertir esa historia empresarial en un
homenaje público sin explicar también los episodios que dejaron preguntas
pendientes y, sobre todo, víctimas.
La pregunta resulta inevitable: ¿por qué en la presentación
del libro no se habló también de la historia del buque Tuxpan y de sus
tripulantes?
Porque un libro empresarial puede contar los éxitos, las
inversiones, los contratos y los logros. Pero cuando existe una tragedia de
semejante magnitud vinculada con la empresa, también debería existir espacio
para la memoria, la responsabilidad y la explicación.
Y aquí aparece el papel del Ayuntamiento.
El gobierno municipal puede promover actividades culturales
y apoyar la presentación de libros, por supuesto. Pero cuando se trata de una
empresa cuyo nombre está ligado precisamente al de Tuxpan y a una tragedia
marítima que costó la vida de toda una tripulación, la prudencia institucional
debería estar por encima de la fotografía y del aplauso.
No se trata de condenar a nadie sin sentencia ni de
sustituir a los tribunales. Se trata de algo mucho más sencillo: conocer toda
la historia antes de convertir a sus protagonistas en héroes.
Porque hay homenajes que pueden esperar.
Y hay memorias que no deberían hundirse otra vez en el
olvido.
