• Matemáticamente, los resultados de la encuesta “no cuadrán”; si la hubiera hecho un pasante de estadística, habría reprobado
El doctor Raúl Rojas, matemático de la institución
alemana que encabezó el grupo de académicos que estudiaron los resultados del
proceso, explicó que entre las tantas anomalías encontradas que ponen en duda
el resultado de la elección destaca el "intervalo de confianza de 2.3% en
el sondeo que dio la victoria a Delgado sobre Porfirio Muñoz Ledo”.
Y es que de acuerdo con Rojas, la encuesta realizada no consideró la distribución de la militancia que participó en el proceso, puesto que de los simpatizantes del partido que formaron parte del ejercicio, 56.6% manifestó desconocer cuál era el objetivo real del ejercicio para el que fueron convocados.
Destacó además que del total de participantes en el proceso, el
31.1% dijo no haber votado por ninguno de los dos candidatos mencionados.
Después de dos intentos por realizar el proceso de
selección de la presidencia nacional de Morena, apenas la semana pasada la
autoridad electoral determinó avalar el resultado de la tercera encuesta entre
militantes y simpatizantes para renovar la dirigencia del partido en el poder.
Y es que las luchas internas dentro de la institución
política entre distintos grupos impidieron llevar a cabo un proceso rápido,
simple y sobre todo, confiable. En el ejercicio salió triunfador Mario Delgado,
excoordinador de la bancada de Morena en la Cámara de Diputados, con
supuestamente 58.6% de las preferencias por encima del 41.4% que obtuvo
Porfirio Muñoz Ledo.
Para Raúl Rojas los resultados “no cuadran” puesto que el
“intervalo de confianza” de la encuesta es un inverosímil 2.3%. “Ahí está el
meollo del asunto”, dijo.
El experto expuso que se trata de un caso emblemático de
“alquimia electoral”, por lo que no descarta que pronto los tribunales
electorales del país descalifiquen el proceso interno, y entonces el partido
del presidente tenga que iniciar un nuevo ejercicio de selección.
Explicó que la encuesta fue necesaria porque el padrón de
militantes de Morena nunca fue confiable, pues fue evidente que los grupos que
se disputaban la presidencia del partido realizaron operaciones emergentes de
reclutamiento de supuestos simpatizantes en todo el país, con datos dudosos
sobre la existencia de éstos.
Después de analizar el proceso, el matemático detectó
que, incluso, desde Palacio Nacional se dieron instrucciones precisas para que
se llevaran a cabo asambleas regionales de Morena para beneficiar a Delgado,
quién era el candidato favorito del titular del Poder Ejecutivo.
Dijo que “la alquimia electoral de la tercera encuesta”
se orquestó a partir de la decisión tomada en Palacio Nacional, desde donde
también se instruyó el ocultamiento de datos reales sobre el resultado de la
encuesta y de sus procedimientos.
En realidad –explicó Rojas--, “hubo tres candidatos:
Delgado, Muñoz Ledo y la abstención, pues resulta que 34.1% de los encuestados
no votaron por ninguno de los dos. “Poquito más y la abstención gana”, agregó.
En los resultados finales, Delgado obtuvo realmente 38.6%
de las preferencias y Muñoz Ledo, 27.3%. La diferencia se reduce de 17.2% a
sólo 11.6%.
Además dio a conocer que los encuestadores le preguntaron
a los participantes si sabían que Morena estaba en proceso de elección, pero
56.6% no lo sabía. Aún así decidieron seguir participando en el ejercicio, sin
conocer realmente quienes eran los candidatos y sus proyectos.
Y es que la falta de confianza en los resultados deriva
de operaciones matemáticas simples: “Si tenemos casi 60% de encuestados que ni
siquiera saben de qué se trata y entre todos hay 34.1% que no escoge a ninguno
de los dos candidatos, ¿de dónde sale entonces el intervalo mágico de confianza
de 2.3%?, preguntó.
Por tanto, para el académico la encuesta es deficiente
desde su mismo origen, puesto que las empresas contratadas para medir los
resultados debieron entonces muestrear a
la militancia de Morena, preferentemente, incluyendo a los simpatizantes. Si en
la Ciudad de México, por ejemplo, estuviera 50% de la militancia de Morena y
50% en el resto del país, habría que seleccionar una muestra respetando esa
distribución de militantes.
Pero lo que se desprende del reporte de las tres
encuestadoras es que se trató de un muestreo aparentemente aleatorio de acuerdo
con el número de votantes de ciertas “unidades de muestreo” (distritos) que
sólo fueron categorizadas como urbanas, rurales y mixtas.
Recordó que en la segunda encuesta, concluida dos semanas
antes de la tercera, Delgado y Muñoz Ledo empataron porcentualmente, por lo que
resulta poco creible en tan sólo dos semanas se haya abierto una brecha de
17.2% entre ambos (en realidad 11.6%). “Matematicamente eso no es factible en
tan poco tiempo”, agregó.
Lo único que muestra es el extraordinario margen de error
que tuvieron ambas encuestas, que de ninguna manera puede ser de 2.3% como las
empresas encuestadoras quieren hacer creer.
Basta considerar lo siguiente: si casi 60% de los
encuestados ni sabía que se estaba eligiendo nueva dirigencia, lo más factible
es que se guiaran por el reconocimiento del nombre de la persona. En la primera
encuesta, Porfirio Muñoz Ledo obtuvo 41.7% de reconocimiento del nombre y
Delgado sólo 27.1%, ¿y unas cuantas semanas después, aunque 60% no sabe de se
trata, una mayoría selecciona a Delgado?
Para Rojas es obvio que la tercera encuesta tiene un
margen altísimo de error, pues: uno, no respeta ni considera la distribución de
militantes de Morena en el país; dos, porque la mayoría de los encuestados no
sabe de qué se trata, y tres, porque una tercera parte se abstuvo.
Insistió que el margen de error de este ejercicio es
enorme y por tanto no sería extraño que en una cuarta encuesta se volvieran a
invertir los papeles. Eso de que los intervalos de confianza de los porcentajes
obtenidos por Delgado y Muñoz Ledo no se traslapan es, simple y sencillamente,
una patraña.
Para rematar, Raúl Rojas aseguró que “si la encuesta que
se reporta hubiera sido realizada por un pasante de la materia de estadística,
éste hubiera reprobado”.