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domingo, 1 de febrero de 2026

Frutos espirituales


Ruan Angel Badillo Lagos

¡Hermosa la pluma del mensajero que trae buenas nuevas!

Durante meses no hubo nada que fotografiar. Solo tierra removida, manos callosas, un pozo y una manguera en espera de quien pudiera regar. En el solar baldío de la calle Juan Enríquez 523 el espectáculo era silencioso. La gente pasaba y preguntaba a doña Lola: “¿qué hacéis aquí?” La mujer respondía con una riza apenas insinuada: “sembrar”. Luego venía la burla: “pero si no se ve nada”.

El trabajo comenzó así, sin flores ni plantas, solamente barro. Se desenterraron botellas, piedras, clavos oxidados. Las tareas se repartieron como secretos, discretas, persistentes, casi clandestinas. En las faldas de doña Lola se escondían sus nietos, cual semillas listas para germinar.

Primera señal

Una mañana de abril, un grupo de personas descubrió la noticia antes que nadie, un brote mínimo asombraba en la parcela de doña Lola, como una palabra surgida en la página de una hoja en blanco. Para entonces, los vecinos ya habían aprendido algo esencial, el crecimiento no es espectáculo, sino tarea. Los nietos también crecían. La noticia no era el verde, sino la vida que lo sostenía. La semilla crece donde hay amor; todos señalaban a doña Lola.

 ¿Cómo dar frutos espirituales abundantes?

Para dar frutos espirituales abundantes —enfatizaba doña Lola— conviene apostar por raíces profundas, hábitos sencillos y servicio constante:

1) Enraizar la vida

 Silencio diario. De 10 a 15 minutos de oración o meditación. Escuchar antes de pedir.

 Palabra de Dios o estudio. Un pasaje breve cada día y una idea aplicable al presente.

 Examen al anochecer. ¿Dónde hubo amor? ¿Dónde faltó? ¿Qué ajustar mañana?

2) Purificar el terreno

 Orden interior. Escribir aquello que ata —culpa, rencor, orgullo— y entregarlo; buscar guía espiritual.

 Perdón práctico. Elegir a una persona y dar un paso concreto; pedir perdón u orar por su bien.

3) Agua y sol constantes

 Vida comunitaria. La fe se fortalece en compañía.

 Ayuno pequeño. Un sacrificio concreto —comida, redes, queja— ofrecido con un propósito.

 Gratitud diaria. Agradecer antes de dormir; transformar el hábito y cultivar agradecimiento.

4) Abono: virtudes en práctica

 Humildad. Preguntar más, presumir menos.

 Mansedumbre. Responder lento, especialmente ante la irritación.

 Generosidad. Ayudar a alguien.

 Pureza de intención. Conducirse por amor, no por aprobación.

5) Poda para fructificar

 Elimina aquello que seca el espíritu. Relaciones tóxicas, consumos que enturbian, rutinas que roban la paz.

 Priorizar. Primero Dios, luego la familia y, después, lo demás.

6) Servicio que multiplica

 Elegir un prójimo concreto. Una persona o causa, con fidelidad semanal.

 Compartir el testimonio con sencillez. Lo que Dios ha transformado, lo sagrado obrado en vida.

7) Persevera en las estaciones

 En sequía. Sostener lo mínimo no negociable —oración breve, palabra, acto de caridad—.

 En abundancia. Guardar humildad y dirección; evitar la distracción del aplauso.

Indicadores de fruto auténtico

1. Más paz en medio de la tormenta.

2. Más amor práctico hacia quienes resultan difíciles.

3. Gozo sereno, no euforia fugaz.

4. Dominio propio y fidelidad en lo pequeño.

Doña Lola se encontraba satisfecha tras haber sembrado en la parcela de los corazones de sus nietos, quienes produjeron frutos abundantes.